25 de mayo 2010 - 00:00

El arsenal atómico de Pyongyang agrava crisis

Seúl - Negros nubarrones se ciernen sobre la Península de Corea. Como era de esperar, el presidente surcoreano, Lee Myung-bak, no ha anunciado acciones militares directas contra Corea del Norte en respuesta por el hundimiento de un buque de guerra, ya que el riesgo de un nuevo enfrentamiento armado sería demasiado elevado.

Pero el mensaje de Seúl es inequívoco: Pyongyang, al que se acusa de provocar el hundimiento del barco, debe pagar por ello. Además, ante futuras provocaciones, Corea del Sur no dudará a la hora de adoptar acciones militares.

Corea del Norte, que niega rotundamente estar relacionada con el naufragio del navío, ha amenazado por su parte con que responderá por la vía militar contra sanciones por parte de sus vecinos del sur.

Este tipo de amenazas belicosas por parte del régimen comunista de Pyongyang no es inusual en tiempos de tensiones crecientes. Pero en la región se teme que la situación se agrave de tal forma que conduzca a una escalada de las tensiones, y hasta los Estados Unidos están alarmados: durante una visita en Pekín, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, acusó a Corea del Norte de haber provocado una situación «muy delicada».

Con el anuncio de posibles sanciones, el Gobierno de Corea del Sur ha intensificado su forma de actuar respecto de sus vecinos comunistas. Las relaciones entre ambas partes de la Península se enfriaron ya desde la llegada al poder en Seúl de Lee Myung-bak, en febrero de 2008.

Poco queda ya de la política de acercamiento practicada por Corea del Sur en la década anterior, durante los dos gobiernos liberales precedentes. Para muchos surcoreanos, el anuncio de su Ejecutivo es una medida propia de una guerra fría.

El régimen comunista del norte acusa a Seúl de llevar a cabo una política de confrontación, mientras Corea del Sur asegura que no habrá ayuda de su parte hasta que Pyongyang no dé pasos hacia un desmantelamiento de su programa nuclear. Según los analistas, Lee lleva a cabo una estrategia de agotamiento. «Corea del Sur es cada vez más fuerte y Corea del Norte cada vez más débil», afirma un diplomático occidental.

En esa dirección estarían orientadas las nuevas sanciones, que afectarían de lleno a la ya arruinada economía norcoreana. Entre ellas se encuentra un congelamiento del comercio y la prohibición del paso de barcos norcoreanos por aguas surcoreanas, aunque no afectarían a la gestión del complejo industrial de Kaesong, el último proyecto económico conjunto de ambos países.

Con el espaldarazo de Estados Unidos, Corea del Sur aumenta además la presión internacional sobre Pyonyang. Seúl quiere que el hundimiento del buque Cheonan llegue hasta el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y Clinton ha pedido en Pekín el apoyo del Gobierno chino en este empeño. Y es que sin el mayor aliado de Corea del Norte será imposible sacar adelante nuevas sanciones o endurecer las ya existentes, como desea Seúl.

Agencia DPA

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