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El arte monumental de Manolo Valdés reinterpreta lo clásico
Las «Meninas» de Velázquez en la singular interpretación de Manolo Valdés: una cruza entre el lenguaje del siglo XVII y el XXI».
«Valdés es un artista moderno y a la vez uno de los más clásicos, puesto que sus esculturas conjugan ambos estilos. Éstas son Meninas del siglo XVII, pero también del XXI», dijo Luis Reverter, secretario general de la Fundación la Caixa. Valdés (1942) Inició su actividad artística en 1964 cuando junto a J. Marí, Rafael Martí, Carlos Mensa, Ana Peters, Rafael Solbes y Juan Antonio Toledo, integró el grupo «Estampa popular», que recurrió a imágenes mass media y utilizó el grabado como soporte.
Luego de cuatro presentaciones, cuando al año siguiente el grupo se disolvió, Valdés participó con Solbes y Toledo en el XVI Salón de la Jeune Peinture de París. A partir de entonces los tres artistas formaron el «Equipo Crónica», que se caracterizó por su adhesión al Pop-art. En 1965, con la separación de Toledo, el grupo se deshizo. Pero Valdés y Solbes continuaron trabajando juntos, hasta la muerte de Solbes a fines de 1981. Realizaron series en torno a sus reflexiones sobre el hecho artístico y su crítica a la sociedad en los últimos años de la dictadura franquista.
En 1972, lo conocimos en el «Encuentro de Pamplona» donde coincidieron artistas internacionales y músicos como John Cage y La Monte Young, entre otros. En ese evento, el Equipo Crónica ayudó a organizar la resistencia contra la cultura oficial. En la Plaza Principal se presentó un enorme inflable diseñado por el arquitecto Oriol Bohigas.
«Tengo ya tal deformación que lo veo todo a través de las imágenes del arte», dijo el artista. «A mí me gusta la gente si se parece a un cuadro que he visto, ya acabo viéndolo todo con esa deformación. Con la serie de la lluvia, que hice en Valencia, pasé veinte o veinticinco días. Había llovido pero nunca miré la lluvia».
Aunque siempre ha pintado, desde los años noventa, se centró en la realización de esculturas de grandes dimensiones. Sus Bibliotecas son operaciones de alquimia que se suceden hasta la terminación de la escultura. Al comienzo, el artista tan sólo dispone de maderas verdes: los cortes, el pulido, la formación de los libros y los estantes, equivalen de algún modo a los arduos trámites de su pintura.
Valdés ha declarado que su trabajo es observar. En la calle: gentes, escaparates, edificios. También en las galerías, en los libros de arte y en los museos. En 1989 se trasladó a Nueva York, en las cercanías del Metropolitan, que no ha dejado de visitar cotidianamente, como lo hacía en España con el Prado. En el 2000, regresó a España y alterna sus estancias en Madrid y Nueva York. En contacto con los artistas de la gran manzana amplió el tamaño de sus obras y retornó a las imágenes de los mass media.
«Mi labor se inspira siempre en obras que me gustan. Mejor dicho, vivo a través de ellas. Cuando observo las caras de la gente y sus perfiles, pienso en cuadros. Si me como una manzana, pienso en Cézanne. Si compro flores, elijo girasoles porque acabo de ver a van Gogh en el Metropolitan». El arte es para él, como escribía Charles Baudelaire, el gran poeta y crítico de arte vigente por más de cien años, una continuidad ininterrumpida, es heredero y, a la vez, acuña legados. Un estudioso se ha referido a que su obra es «un arte de la apropiación».
«La pintura sale de la propia pintura», resume Valdés. El arte sale del arte. De ahí que, cuando acude a Tiziano o Rembrandt, a Ribera o Goya, a Picasso o Mondrián, Zurbarán o Velázquez, Valdés no haga ni citas, ni imitaciones ni copias, sino su propia obra. Realizó reinterpretaciones singulares y audaces, de obras de artistas célebres, como si las completara por su cuenta. «Siendo, a la vez que artista, un admirador del arte moderno y de la cultura popular, la naturaleza interna de Valdés lo ha empujado a jugar con sus materiales, a unir imágenes y recuerdos con una libertad singular», escribió el curador Dan Cameron.
Esos maestros son «un pretexto», según Valdés (el término latino procede del verbo que significa «poner delante»). Pero el artista, ahora, es él. Su obra empieza exactamente cuando él comienza a hacerla, por más proyectos que tenga esbozados con anterioridad.
Nadie confunde a Valdés con sus fuentes, porque éstas dejan de serlo apenas se lanza a una tarea creativa y también creadora. Valdés ha comentado con cierta ironía que en Italia le dicen que su pintura matérica recuerda a la de Alberto Burri; en Francia, a la de Jean Dubuffet, y en España, a la de Antoni Tàpies, Antonio Saura o Manuel Millares. «No sé, yo no me doy cuenta» -replica Valdés-. «Uno evoluciona hacia lo que le pide el corazón o lo que quieras, el conocimiento».


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