5 de julio 2011 - 00:00

El cambio más barato

Después del empate con Bolivia, a priori el rival más flojo del grupo, todos esperábamos que Sergio Batista ajustara algunas cosas y metiera los cambios que necesita para perfeccionar su equipo, pero el técnico apeló al recurso fácil de sacar al jugador con menos cartel y cambiar un jugador para no cambiar nada.

Como es sabido, sale Marcos Rojo para que entre Pablo Zabaleta, y de esa manera Javier Zanetti cambia a la izquierda, quedándose sin perfil para desbordar. La Selección tuvo problemas de elaboración de juego y de desequilibrio ofensivo, cosas en las que poco y nada puede colaborar Rojo, quien cumplió correctamente su función de lateral y muchas veces se proyectó buscando la devolución del pase, que Lavezzi y Tevez nunca le dieron, porque prefirieron jugarse la personal o tocar para el medio, donde estaba Messi.

A la Selección le faltó juego porque Ever Banega tiene un correcto manejo de la pelota, pero no siente la función de acompañar a Lionel Messi en la creación y porque Esteban Cambiasso vuelve de una lesión, por lo que está lento y eso le quita organización de juego al equipo, porque es el cerebro de la mitad de la cancha.

Si uno le preguntara a cualquier aficionado al fútbol cuáles son los cambios que haría, le dirían que juegue Javier Pastore por Banega o por Cambiasso para tener un enganche que elija las jugadas de ataque y que entre Sergio Agüero por Lavezzi o Tevez, preferentemente el primero por el amor que le tiene el público a «Car-litos», aunque algunos (cosa que adherimos) piensan que tienen que salir los dos y también jugar Ángel Di María, que le da desborde y velocidad al equipo.

Protagonista a la fuerza

La Selección argentina, tanto como la brasileña, sabe que ningún rival le va a jugar de igual a igual, sino que la mayoría va a salir a achicarle los espacios y buscar el contraataque, por eso el equipo tiene que ser protagonista casi a la fuerza.

La idea de jugar como el Barcelona, que maneja la pelota con inteligencia y habilidad buscando los espacios para profundizar cuando el rival se distrae, es buena en la medida en que todos los jugadores estén concientizados de ese estilo, y en la Selección hay algunos jugadores que juegan a otra cosa.

Tevez y Lavezzi querían pasar a los defensores de Bolivia por arriba y nunca se fijaron si tenían a un compañero mejor ubicado para tocar y buscar la devolución. Gabriel Milito revoleó pelotas «jugables», porque veía que los tres del medio perdían con la presión de los volantes bolivianos, y Messi, que empezó haciendo pesar su habilidad con dos o tres apiladas, terminó entregado muy lejos del área, donde su talento sirve de poco.

Batista dijo siempre que el estilo estaba sobre los hombres, que «no se negociaba»; sin embargo, a la hora de hacer cambios mira en la cotización de los jugadores y no en su rendimiento. Saca a uno que no tiene derecho a protestar y eso demuestra su debilidad, como cuando tuvo que ceder al volver a convocar a Tevez y, por la misma presión (aunque lo niegue), terminó dándole la titularidad. Así vamos mal, aunque les hagamos cuatro goles a los colombianos.

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