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El caos anticipa el espectro de otra guerra confesional
Bashar al Asad
Ahmed, pintor de casas de 35 años, es una de las cientos de personas en la ciudad siria de Homs que han sido víctimas de la creciente ola de secuestros sectarios en medio de la revuelta que sacude al país.
Las fuerzas de seguridad están centradas en intentar aplastar a los rebeldes de Homs, un centro importante del levantamiento de diez meses contra el presidente Bashar al Asad. Mientras, residentes dicen que la ciudad ha caído en el caos y que las personas son secuestradas casi a diario, escogidas sólo por su identidad religiosa.
«Mis captores me golpearon y se burlaron de mí por ser sunita. Me ataron a una cama de metal y dormí sentado», dijo Abu Ahmed. «Incluso si no me hubieran atado, no habría tratado de huir. Esta aterrorizado. Pensé que me matarían», agregó.
En Homs, miembros de la misma secta minoritaria a la que pertenece Al Asad secuestran a musulmanes sunitas. Quienes son parte de la mayoría sunita, que conforman buena parte de las manifestaciones contra los 42 años de mandato autocrático de Al Asad, buscan a alauitas.
Hasta el momento, la violencia y las matanzas sectarias son rara vez un objetivo de los secuestros. Pero la tendencia vista en la ciudad de un millón de habitantes, la tercera más grande de Siria, ha tomado su lógica propia.
Efecto
Algunos capturan personas a cambio de dinero en Homs, donde los feroces enfrentamientos que paralizan a la ciudad han dejado a cientos sin empleo. Otros secuestran a personas para intercambiar rehenes y algunos simplemente consideran que tener cautivos podría servir más tarde como elemento de disuasión.
Residentes dicen que la Policía escribe los reportes, pero nunca ha tomado acciones.
«No hay nadie con quien quejarse. No hay ley. Podés sentarte a esperar por la piedad de Dios o secuestrar gente también. Homs está ahora en manos de delincuentes. No hay raciocinio», dijo Jamal, de 30 años, un conductor alauita que fue capturado por cinco días.
Relatos como éste son difíciles de verificar, puesto que las restricciones del Gobierno y los actuales niveles de violencia limitan el acceso de los medios. Pero grupos de derechos humanos y el propio Gobierno han reportado decenas de casos de secuestros.
Todas las personas entrevistadas hicieron declaraciones a través de Skype, a fin de evitar el monitoreo de las líneas telefónicas por parte de los servicios de seguridad.
En Homs, las calles casi vacías son patrulladas por soldados que se esconden detrás de bolsas de arena. Los residentes se encierran en sus casas para evitar a los secuestradores cuando cae la noche.
Incluso salir a plena luz del día es sumamente riesgoso. Jamal fue secuestrado al mediodía.
«Estaba conduciendo en dirección al supermercado. Cuatro hombres armados me hicieron señales. Aceleré porque sabía lo que iba a pasar», relató. Pero un vehículo oculto salió de un callejón y le cerró el paso.
«Me arrastraron fuera del auto y me golpearon. Me quitaron mis dos teléfonos celulares, 2.500 liras (unos 40 dólares) que tenía en el bolsillo y mis zapatos», dijo.
Jamal fue llevado a una casa donde fue hacinado en una habitación junto a otros diez alauitas. Estuvo retenido por varios días.
«Era la casa de un tipo al que la gente llamaba el ceñudo. Él es lisiado. Lidera un esquema de secuestros en ese vecindario», explicó.
Los secuestradores dejaron que Jamal llamara a su familia a la que dijo que debía pagar 150.000 liras (alrededor de 2.500 dólares) por su liberación y otras 300.000 para que le devolvieran su auto.
«Mi familia es pobre. No tiene mucho dinero, así que hablaron con alguien en las pandillas alauitas en nuestro vecindario con la esperanza de que dejaran que algunos sunitas fueran liberados para intercambiarme», afirmó Jamal.
La secta alauita es un desprendimiento del islam chiita. Bajo el dominio de Al Asad, muchos alauitas ingresaron a la élite militar y política, pero otros siguieron siendo pobres.
Hay excepciones en las lealtades sectarias -algunos alauitas respaldan las protestas y algunos sunitas apoyan a Al Asad-, pero la amplia división entre ambas comunidades en Homs incluso ha estructurado la ola de secuestros.
No todos los raptos tienen finales felices. Ha habido más de un incidente en que un grupo de cadáveres de sunitas o alauitas aparecen tirados en las calles, mutilados. Algunos temen que estos eventos generen una feroz lucha sectaria.
Hombres armados sacaron a rastras de un colectivo a Zaibab mientras ella gritaba, luego de haberla reprendido por no llevar el pañuelo musulmán de muchas mujeres sunitas en Siria. Su hermano Hadi dijo que ella les rogó a sus captores.
«Ella gritó, ¿por qué me secuestran?, no tengo nada que ver con esto. La gente en el colectivo sólo miraba aterrorizada; no dijo nada», declaró Hadi.
Pero Zainab le dijo a su hermano que sus captores fueron amables una vez que la llevaron a la casa del líder de la banda. El la llamó «hija mía» y prometió no agredirla.
«Ella llamó y me dijo que había sido secuestrada, que ellos eran amables con ella y que nosotros debíamos lograr que cinco hombres sunitas fueran liberados a cambio de su libertad», relató Hadi.
Agencia Reuters


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