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El capo de La Plata
Juan Sebastián Verón se llena la boca de gol. Fue el segundo de un Estudiantes que fue ampliamente superior a Gimnasia. Ganó el clásico y llegó a la punta del Apertura.
Como dijo su líder, Juan Sebastián Verón, volvieron a ratificar todo lo bueno que el equipo hizo ante Boca el sábado pasado. Ayer le alcanzaron 45 minutos para definir el encuentro con más oficio que fútbol. De hecho, el segundo tiempo estuvo de más, principalmente cuando fue expulsado Rinaudo. Estudiantes edificó su triunfo a partir de su solidez defensiva y la presión y el buen manejo de la pelota en la mitad de la cancha.
Gimnasia, a todo esto, repitió errores en defensa del pasado y evidenció una anemia ofensiva alarmante.
Sin embargo, el inicio de la historia mostró a dos equipos equilibrados, aunque el local fue un poco más profundo en ataque.
Estudiantes se puso en ventaja, tras un error defensivo entre Abel Masuero y Hugo Iriarte, que coronó en la red Federico Fernández con un cabezazo.
El horizonte se le oscureció más a Gimnasia cuando un nuevo error, esta vez de Rinaudo, desembocó en un penal a Verón que la propia «Bruja» cambió por gol junto al palo izquierdo de Sessa. Gimnasia apenas dispuso de una chance en un cabezazo de Alvaro Navarro.
El complemento sólo sirvió para ver la superioridad conceptual del juego de un verdadero equipo, Estudiantes, sobre otro totalmente falto de fútbol, ideas y garra, como Gimnasia.
La diferencia pudo haber sido mayor, pero Gastón Sessa tuvo que revolcarse un par de veces para evitar una nueva caída de su arco. Ni los cambios (los dos técnicos hicieron los tres) cambiaron el desarrollo de un partido que desde hacía rato tenía su sentencia final.
El clásico enfrentó a dos equipos con presente totalmente opuesto: Estudiantes marcha hacia el título, mientras Gimnasia pelea denodadamente por salir de la Promoción.


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