30 de octubre 2017 - 00:00

El cielo no puede esperar: se asoma baja de impuestos

Octubre termina como empezó, lejos, lejísimo de aquel octubre negro de 30 años atrás, cuando el Dow Jones pagaba muy caro la osadía de traspasar el umbral de los 2 mil puntos. Comenzó como una tromba de récords y continúa así, voraz y desatado. Electrizante, el mismo Dow se encaramó por encima de los 23 mil. Se diría que el cielo no puede esperar. El S&P 500 trepó el 15% desde principios de año, y el Dow Jones, el 18%. A caballo de estupendos balances -los de Amazon, Microsoft y Alphabet- el viernes el Nasdaq 100 escaló el 1,7% y suma el 27,75% en 2017. Es un frenesí de vértigo, pero nadie desensilla. No hace falta aclararlo: este año no hubo "Sell in May". Sin embargo, cuando la maldición opera, su influjo negativo cesa después de Halloween. Es decir, el viernes último. ¿Piedra libre para todos? ¿Acaso el cielo es el límite? No. Para el mundillo que invierte en el nicho de los bitcoin y las criptomonedas, una galaxia pequeña pero en tremenda expansión, la frontera es la estratósfera. Para el negocio establecido, el que atiende en Wall Street, lo es el destino de la reforma tributaria. Hay que aceptarlo: la baja de impuestos es el sueño del pibe, y asoma al alcance de la mano, a fin de año o a comienzos del próximo. Para los bonos, en cambio, el infierno ya empezó. Extrañamente, porque su peso en los portafolios no permite ignorarlos, no se oyen sus lamentos.

Burbujea, y el manual lo dice clarito: en la cresta de una avalancha de récords, y con todos los signos de un creciente estado febril, se aconseja dar las gracias y tomar ganancias. Nadie se fundió por levantarse de la mesa temprano, con la presa bien segura en el bolsillo aunque quedasen otras volando, susceptibles todavía de ser atrapadas. Es error de novato cebarse y permanecer hasta el final soñado persiguiéndolas a todas con la red de cazar mariposas (para terminar, las más de las veces, como el cazador cazado). Sin embargo, más de un mánager profesional quedó sin trabajo por retirarse antes de tiempo, y perder el tren en la carrera contra su benchmark, o índice de referencia. Allí entonces conviene bucear. ¿Qué hacen los administradores activos de portafolios en los EE.UU.? Escribimos a comienzos de octubre que el más pesimista (de los que participan en una encuesta semanal regular) cerró septiembre 90% invertido en acciones. Y el promedio arrojaba una cifra de 96%. ¿Qué cambió? Los profesionales achicaron su posicionamiento extremo, semana tras semana, a contramano del boom de las cotizaciones. El más negativo hoy está 100% vendido en corto. No obstante, el promedio permanece el 71% largo en Bolsa, un nivel altísimo. Son gente del oficio, no desconocen el manual y han sido escaldados por más de una mala experiencia, pero su olfato -y las reglas particulares de su juego- los mantienen con las posturas de riesgo sobre el paño. Sufrirán la piña si viene.

La buena noticia es que los fundamentos mejoran. La economía pisa firme. En el tercer trimestre creció el 3%, a pesar de los sucesivos huracanes (María, Harvey, Irma y si se quiere, Trump), y rebasó todos los pronósticos. Van dos trimestres consecutivos a un ritmo que supera el 3%, lo que no ocurría desde 2014. Y las tareas de reconstrucción prometen un dinamismo sostenido en lo que resta del año. Los balances empresarios, sin brillar, suman y no restan. Cuando aportan números soberbios, la recompensa es rutilante (que lo diga Jeff Bezos, el fundador de Amazon, convertido gracias a la vorágine del viernes en el hombre más rico del planeta). Si decepcionan -como GE-, se pasa la valuación a degüello, en el acto. La mala noticia es que los precios suben más deprisa aún que los fundamentos. Hay valor, sí. Pero la espuma es lo que más crece. Si Trump tiene éxito en avanzar la rebaja de impuestos por el Congreso, parte de la espuma se convertirá en metálico; son dólares contantes y sonantes que las compañías ya están ganando (y se los lleva el fisco). Ni el presidente ni el partido republicano -visiblemente unidos por el espanto como lo demostró el pasaje del presupuesto- pueden fracasar en esta materia crítica sin arruinarse. De ahí la firmísima convicción de Wall Street. Ya se restablecerá después la vigencia de la ley de la gravedad y tiempos más normales.

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