8 de marzo 2010 - 00:00

El Cirque du Soleil resbala en Broadway

Con «Banana Shpeet», el afamado Cirque du Soleil se apartó de su experiencia circense para dar el salto a Broadway y no conformó ni al fundador de la compañía, Luc Laliberté.
Con «Banana Shpeet», el afamado Cirque du Soleil se apartó de su experiencia circense para dar el salto a Broadway y no conformó ni al fundador de la compañía, Luc Laliberté.
Nueva York - El «Cirque de Soleil» aplazó ya dos veces el estreno en Broadway de su último espectáculo, «Banana Shpeet», que según sus responsables, consiste en «un vodevil, una mezcla de comedia, tap, hip-hop, danza excéntrica y payasadas», y «la primera incursión en el proscenio de un teatro». La causa, según diversas publicaciones estadounidenses y filtraciones de los mismos empleados del histórico Beacon Theatre -donde se iba a estrenar- «se suspendió porque se vio que la obra no funciona y lo están rehaciendo», según contó en su columna de este fin de semana el corresponsal del diario español «El Mundo». Concretamente, el problema surgió en Chicago donde se hicieron algunas funciones y la crítica la destrozó. A partir de ahí comenzaron «reparaciones» -además de despidos y nuevas contrataciones de artistas-, que no conformaron ni al fundador de la compañía, el canadiense Guy Laliberté.

En una Manhattan inundada de afiches del que se anunciaba como uno de los espectáculos más importantes de la temporada, las funciones previas se anunciaron para el 4 de febrero, pero se aplazaron para el día 26. Un comunicado de prensa de la compañía explicó que «el retraso se debe a una extensión del tiempo de preparación para integrar nuevos elementos a la obra». El estreno oficial se fijó, entonces, para el 17 de marzo. Ahora la fecha se trasladó al 29 de abril, aunque a juzgar por nuevos carteles que aparecieron en todo Nueva York sin precisar fecha de estreno por ninguna parte, eso tampoco es seguro.

Tras la primera cancelación, Michael Riedel, cronista teatral de «The New York Post», escribió que lo que pasó con la famosa compañía al tratar de incursionar en otros géneros ajenos a la actividad circense tan luego en Broadway, no es «un accidente menor» sino algo comparable «al descarrilamiento de un tren», tratándose de una producción de 20 millones de dólares. Su columna, que se tituló «La banana mala se pudre», hacía hincapié en que los primeros arreglos realizados tras el fracaso en Chicago habían disgustado al mismo Guy Laliberté, el fundador de la empresa. Según Riedel, un preocupado Laliberté fue a Nueva York para ver cómo progresaban los remiendos. Y se dice que dijo: «El show de Chicago tenía un mínimo de encanto, a éste no le veo ni eso».

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