17 de octubre 2014 - 00:17

“El colesterol puede tener efectos positivos contra el cáncer”

Emigrada hace 25 años de la Argentina, Karina Yaniv resalta que su tonada cordobesa es uno de sus principales puntos de contacto con sus orígenes. Tras un largo recorrido por aulas de Israel y Estados Unidos, hoy dirige un equipo de dieciséis investigadores en el Instituto Weizmann, uno de los centros de estudio de la ciencia básica más reconocidos del mundo. Yaniv recibe a Viernes en su laboratorio del campus de Rehovot, cerca de Tel Aviv. Rodeada de 600 peceras y 15.000 peces cebra, brinda detalles sobre una investigación que ofrece “resultados prometedores” en la lucha contra el cáncer.

“El colesterol puede tener efectos positivos contra el cáncer”
Viernes: En su laboratorio descubrieron que el colesterol puede inhibir la reproducción desordenada de vasos sanguíneos que se genera en los tumores. ¿Cómo actúa esa inhibición?

Karina Yaniv: En realidad, lo que nuestro laboratorio estudia es el rol de la proteína ApoB -que es parte de la molécula de LDL, conocida como el colesterol "malo"- en la formación de vasos sanguíneos. Los resultados muestran que esa proteína tiene la capacidad de inhibir la formación de vasos sanguíneos, tanto durante el desarrollo embrionario como durante la vascularización de tumores. El mecanismo de acción de esta proteína no es claro aún, ése es uno de los mayores focos de investigación de mi laboratorio. ApoB es mayormente conocida como una proteína cuya principal función es el transporte de colesterol y triglicéridos en la sangre. Sin embargo, nuestra investigación ha revelado otras funciones, entre ellas la regulación de expresión de ciertos genes en las células endoteliales, las que forman los vasos sanguíneos. Esos genes inhiben el crecimiento y proliferación de las células. Esta investigación está sólo en sus primeros pasos y aún tenemos mucho que aprender, pero los resultados son sumamente prometedores.  

V.: ¿Qué tan cerca están de poder controlar esa inhibición y que el colesterol en el organismo no termine siendo más dañino que el tumor?

K.Y.: Como la mayoría de las investigaciones en ciencia básica, nuestro trabajo es a largo plazo. La mayor ventaja de este tipo de investigaciones es la posibilidad de encontrar sorpresas donde menos uno las espera: por ejemplo, entender que el colesterol, considerado uno de los mayores enemigos de la humanidad, puede tener efectos beneficiosos en ciertas enfermedades como el cáncer, es de por sí un gran avance. Una vez que este descubrimiento se ha hecho, viene la parte de investigación a fondo del mecanismo de acción para poder llegar a una droga o tratamiento. La idea en este caso sería usar una concentración alta de ApoB en la zona del tumor y no necesariamente en plasma, para evitar efectos colaterales.

V.: ¿Las conclusiones de un estudio sobre un pez cebra son enteramente aplicables a un ser humano?

K.Y.: En su mayoría sí, sobre todo cuando hablamos de fisiología básica. Obviamente que a nivel intelectual el humano es más avanzado, pero, en cuanto al funcionamiento básico de la mayoría de los órganos y tejidos, somos bastante parecidos. Más de un 70% de genes humanos se encuentran también en el genoma del pez cebra. Aunque no todo es aplicable, ya que el pez, por ejemplo, no tiene pulmones, o sea que si ese es nuestro órgano favorito de investigación, el cebra no podrá ayudarnos. En otras cosas, el pez es mucho más cercano al ser humano que el comúnmente utilizado ratón de laboratorio. La evolución no siempre funciona en línea recta, sino que es más parecida a un árbol, así que para entender el funcionamiento de ciertos genes, a veces el pez puede ayudarnos más.

V.: En el mejor de los casos, si el ensayo alcanza resultados satisfactorios, ¿la proteína que inhibe la reproducción de vasos sanguíneos podría estar al alcance de la población en general o sería para privilegiados?

K.Y.:
La idea del científico es que sus descubrimientos estén siempre al alcance de la población en general. A mí como científica me mueve la posibilidad de avanzar el conocimiento, el entendimiento de la enfermedad, para tratar de encontrar la vuelta de cómo tratarla. Lamentablemente, entre el descubrimiento y la generación de un tratamiento entran muchos factores que no están en manos del científico. Esa pregunta deberían contestarla los directivos de los grandes laboratorios comerciales.

V.: Trabajan sobre embriones del pez cebra hasta sus tres días de edad. ¿Por qué motivo? ¿Cuántas semanas serían equiparables en el ser humano?

K.Y.:
Un embrión humano de cuatro semanas de embarazo es equiparable a uno de pez cebra de 24 horas. A los tres días, el embrión del pez cebra ya está totalmente desarrollado y posee órganos completos y funcionales. El desarrollo es rapidísimo, lo que acorta los tiempos y facilita la investigación. Fuera de eso, al ser la fertilización externa, no hay necesidad de sacrificar a las hembras para estudiar los embriones. 

V.: De acuerdo con sus conocimientos, ¿cuál es el nivel de la ciencia que se desarrolla en la Argentina?

K.Y.:
Creo que la Argentina tiene científicos de excelente nivel. Esto se refleja, por ejemplo, en la cantidad de jóvenes argentinos que andan dando vueltas por el mundo, becados por el trabajo que han realizado en el país. Hay varios laboratorios de renombre internacional con excelentes publicaciones, pero mi sensación, basada más que nada en conversaciones con amigos y colegas de allá, es que el nivel es víctima principalmente de la falta de fondos. A mi criterio, el desarrollo científico es una decisión netamente del Estado, que no empieza y termina con destinar fondos para la investigación en determinados institutos, sino que se encarga de la educación como un todo. La producción de mentes creativas no comienza durante el doctorado, sino más bien en el jardín de infantes.

V.: ¿Volvería a trabajar al país?

K.Y.:
Nunca trabajé en la Argentina; sería una experiencia superinteresante. 

V.: ¿Qué aspectos centrales del sistema científico israelí deberían ser imitados por países emergentes?

K.Y.: La inversión en la ciencia, sin dudas, desde temprana edad. Los programas de ciencia para escuelas primarias y secundarias son excelentes en Israel. Después, las universidades, en todas las carreras científicas, son de altísimo nivel en rankings mundiales. El ingreso a la universidad es muy competitivo. La competencia, sin duda alguna, eleva el nivel. Sin embargo, lo que a mí me encanta del sistema israelí es que, a pesar de ser muy competitivo, la competencia no depende del nivel socioeconómico. Esto lo garantizan, primero, la educación primaria y secundaria pública y gratuita ofrecida por el Estado, que es de por sí de alto nivel; segundo, una gran red de becas y ayuda destinada a que sectores menos pudientes tengan acceso a programas avanzados. Una de las misiones del Instituto Weizmann es acercar la ciencia a niños de bajo poder adquisitivo.

V.: Trabajar en Israel podría significar que los avances científicos puedan tener finalmente usos militares. ¿Ello le genera alguna objeción?

K.Y.:
Creo que, hoy por hoy, en el mundo global en que vivimos, los avances científicos de cualquier país del mundo pueden tener finalmente usos militares. Otra vez, como científicos, nuestra función es avanzar el conocimiento humano, encontrar nuevas respuestas a nuevas preguntas y entender mejor cómo funciona la naturaleza y, en mi caso, el cuerpo humano. Lamentablemente, el destino final de nuestros descubrimientos no siempre está en nuestras manos, pero eso no debe impedirnos seguir adelante con nuestra misión.  

V.: ¿Por qué se fue de Córdoba?

K.Y.:
Creo que fue una combinación de mi espíritu aventurero de los 18 años y las ganas de estudiar en una época en que en la Argentina las universidades vivían de paro, en el año 1988. A eso se sumaron mis ganas de conocer la vida en un kibutz y la posibilidad de recibir una beca que cubría los costos de mis estudios en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Después de varios años en Israel me fui a hacer un posdoctorado en Estados Unidos, durante cinco años. Decidí volver a Israel, en parte movida por las ganas de retribuir al país lo que me había dado. A la larga, yo llegué acá sin nada y hoy soy investigadora en uno de los mejores centros científicos del mundo.
@sebalacunza

(*) Especial desde Tel Aviv
Entrevista realizada en el marco de una visita a Israel organizada por Fuente Latina

BIO

Córdoba, 13 de diciembre de 1969
Educación:
Escuela Israelita General San Martín, Córdoba (primaria y secundaria); licenciatura en Ciencias Químicas y Biología, máster en Bioquímica y doctorado en Biología del Desarrollo en la Universidad Hebrea de Jerusalén y posdoctorado en Biología Vascular en el National Institute of Health, Maryland, Estados Unidos.
Empleo: Investigadora principal en la Facultad de Biología, Weizmann Institute of Science.
Último libro leído: "Pensar rápido, pensar despacio", de Daniel Kahneman, y "El arte de escuchar los latidos del corazón", de Jan-Phillipp Sendker.
Rutina informativa: Diario israelí Haaretz y sitio Ynet news; a veces, Página/12 y La Voz del Interior. "Trato de evitar los noticieros de televisión y la televisión en general".

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