26 de agosto 2013 - 00:00

El Coliseo se rindió a la magia de Ludmila Pagliero

Pese a a las ingratas condiciones del escenario del teatrp Coliseo, el espectáculo satisfizo al público que ovacionó a cada uno de los bailarines, pero con especial énfasis a Ludmila Pagliero.
Pese a a las ingratas condiciones del escenario del teatrp Coliseo, el espectáculo satisfizo al público que ovacionó a cada uno de los bailarines, pero con especial énfasis a Ludmila Pagliero.
*Estrellas del Ballet de la Ópera de París. (Teatro Coliseo, 23 de agosto).

Dentro de unas semanas de intensísima actividad coreográfica internacional, Buenos Aires recibió a nueve integrantes de una de las compañías de ballet más tradicionales y reputadas del mundo: la de la Ópera de París. Bajo la dirección de Elisabeth Maurin ex "étoile" de esta compañía- y por iniciativa de Estela Erman, la troupe desembarcó en el Teatro Coliseo para brindar dos funciones de esta gala.

Por supuesto el atractivo principal era la presencia, y también el debut en Buenos Aires, de Ludmila Pagliero, la primera argentina en llegar a la categoría de "étoile", aquí en compañía de Hervé Moreau, quien alcanzara ese rango en el 2006. Los fragmentos seleccionados para su intervención le permitieron mostrarse en distintas facetas, siempre impecablemente complementada por su partenaire Moreau: la pulcritud de las líneas clásicas y el virtuosismo en "Paquita" en el marco de una selección de fragmentos de este ballet que involucró (con mayor fortuna para unos que para otros) a toda la compañía, la seducción y el carácter en la "Carmen" de Roland Petit y el lirismo y la expresividad en el bellísimo "Cantadagio" de Joseph Lazzini sobre música de Mahler, el punto de mayor intensidad poética y visual de todo el espectáculo.

Lógicamente no todo tuvo el mismo nivel, y tampoco ayudaron las ingratas condiciones del escenario del Teatro Coliseo, especialmente su declive pronunciado. Sobresalió por su gracia, su dominio técnico y la elegancia propia de la escuela francesa Marion Barbeau en el pas de deux de "La fille mal gardée" que interpretó junto al también muy promisorio Axel Ibot y en el "Gran pas classique" con Germain Louvet. Valentine Colasante (primera bailarina) y el sólido Florimond Loreiux tuvieron por su parte su lucimiento en el pas de trois de "El lago de los cisnes" de Nureyev que completó el menos convincente Gregory Dominiak como Von Rothbart. Charline Giezendanner resolvió adecuadamente un fragmento de "La troisième fenêtre" de Lazzini con Axel Ibot, y junto a Dominiak otra memorable creación de Nureyev: el pas de deux del balcón de "Romeo y Julieta".

Un toque original dio la inclusión en vivo en uno de los pianistas del Ballet de la Ópera de París, el sanguíneo Touvé Ratovondrahety, para proporcionar una improvisación en la primera parte y en la segunda la "banda sonora" del saludo final, yendo de "Lago de los cisnes" a la célebre "Marcha militar" de Schubert. Pese a que algunos rubros merecerían haber sido más cuidados, como la calidad del programa de mano o de las imágenes proyectadas, el espectáculo satisfizo las expectativas del público que ovacionó a cada uno de los bailarines pero por supuesto se rindió a los pies de la magia de Ludmila Pagliero, todo un símbolo del eterno romance entre Buenos Aires y París.

Dejá tu comentario