El consumo masivo se queda atrás

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• Opinión

La producción industrial comenzó a crecer. La construcción lo viene haciendo hace varios meses. El crédito hipotecario se despierta. La inversión en maquinaria y equipo lleva tres meses consecutivos en alza. La venta de autos se acerca al récord histórico y lo mismo con las motos. Sube el consumo de servicios públicos. La recaudación tributaria aumenta por encima de la inflación, incluyendo los impuestos estrechamente vinculados a la demanda y al nivel de actividad. Hay más gente en los cines, más gente en vuelos domésticos e internacionales, y se abre más de un local de venta de cerveza artesanal por semana. El índice de confianza del consumidor viene ascendiendo, igual que el índice de optimismo económico.

Son algunos ejemplos de variables en positivo de una lista que seguramente es más extensa.

Pero por fuera de esa lista hay algunas variables muy importantes. Entre ellas, nada menos que el consumo de alimentos, bebidas, artículos de limpieza y tocador, ese grupo que en la jerga del marketing se conoce como Fast Moving Consumer Goods (FMCG). Según las dos consultoras especializadas en el tema, la compra de esos productos no muestra una clara recuperación.

La medición de Scentia indica que luego de varios meses de caída, el consumo masivo subió apenas un 0,4% en setiembre en comparación con igual mes del año anterior, con lo cual el acumulado del 2017 marca un retroceso del 3,7%.

De acuerdo con la última medición de Kantar, en agosto hubo una caída del 2%, y la estimación es que en setiembre habría aumentado muy levemente. De todas maneras, el año cerraría con una disminución del 2%.

¿Por qué el consumo masivo no reacciona como el total del consumo? ¿Por qué aumenta la venta de motos y no la de lácteos, la de televisores y no la de pastas?

Juan Manuel Primbas, director de Kantar, lo explica a partir de las diferentes realidades de las clases sociales: "El consumo masivo está muy influenciado por el comportamiento de la clase baja superior, que es el segmento de la población más castigado ya que sufrió el impacto de las tarifas y de la caída del empleo en el conurbano". Según la pirámide social en la que basa el análisis, la clase baja superior está compuesta por un tercio de los hogares del país, que tienen un ingreso mensual entre 9.500 y 18.500 pesos, con un promedio de 14.000. En lo que va del año esa clase social redujo su consumo masivo en un 2%, que se agrega a la caída del 3% del año pasado.

La clase media y la clase media alta y alta también registran caídas en el consumo masivo, aunque por motivos algo diferente, Si bien en esos segmentos también pegó el tarifazo, el descenso en la compra de ese tipo de bienes sería en parte consecuencia de un cambio en la canasta de consumo y del mayor peso de las cuotas.

Aunque suena raro, el 17% que integra la clase baja inferior fue el único segmento que en este año aumentó ese consumo, si bien el 3% de recuperación no alcanza a compensar la baja del 7% del 2016. En Kantar atribuyen esa rareza a que ese grupo está beneficiado por la tarifa social, por los refuerzos en el gasto social y por la reactivación de la obra pública.

La caída que arrastra el consumo masivo y la debilidad del consumo en general tal vez sean la razón por la cual sólo el 20% de la población dice estar mejor que hace un año, mientras que el 40% opina que está peor y otro tanto que está igual, según el último relevamiento del Grupo de Opinión Pública. Cabe aclarar que, de acuerdo a ese mismo relevamiento, las expectativas para el 2018 son mayoritariamente optimistas, lo que conjugaría con lo que muestran las encuestas de intención de voto.

De todas maneras, no es el consumo masivo ni el consumo en general los motores de crecimiento a los que apuesta el gobierno. El proyecto de Presupuesto 2018 prevé un alza del consumo del 3,3%, que es inferior al aumento previsto del Producto Bruto Interno.

El discurso oficial plantea que las palancas del crecimiento deben ser la inversión y las exportaciones.

La primera palanca ha comenzado a moverse. Datos provisorios del ministerio de Hacienda muestran que en cada uno de los meses de junio, julio y agosto la inversión en Maquinaria y Equipo subió a un ritmo interanual de dos dígitos, llegando a 25% en agosto.

La otra palanca está parada. En los primeros ocho meses del año las exportaciones cayeron 0,1 % en valor y 2,4 % en volumen, y la proyección oficial para el año que viene es del 5,6 %, una meta para nada ambiciosa.

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