Steve Jobs tomando una licencia médica, el petróleo que retrocede a u$s 37,28 por barril, las ventas minoristas de diciembre que se sabía eran horrendas y resultaron peores, Nortel (la mayor proveedora de aparatos de telefonía del mundo) pidiendo su convocatoria de acreedores, Chrysler que liquida su participación en Jeep y el Citi a días de anunciar su desguace (lo peor de la jornada pasó por el sector bancario). En contraste con esto, la fiesta multitudinaria que prepara el nuevo presidente (su costo no baja de u$s 100 millones) buscando una asunción que sea optimista e inspiradora (su discurso, "Un nuevo renacer de la libertad" será un día después de la conmemoración del Dr. King y 200 años después del nacimiento de Lincoln). Como saldo, una baja (sexta consecutiva) del 2,94% para el Dow que cerró el día en 8.200,1 puntos. Puede no gustar demasiado a los seguidores de Obama, pero es claro que el mercado está gritando que hace falta algo más que las políticas de Roosevelt, el marketing de Kennedy y la verba de Lincoln para que las cosas mejoren. A valores de ayer, Obama sería el presidente norteamericano recibido con la baja bursátil más grande (para los 7, 20 y 30 días previos) desde la creación del Dow (recordar que el 20 de noviembre se marcó el mínimo de la actual baja, por lo que el "recibimiento" cae fuera del "bear market"). El optimismo es bueno, pero el realismo mejor.
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