16 de marzo 2011 - 00:00

El “efecto Catamarca” inquieta también dentro del universo K

Carlos Zannini, Facundo Moyano, Florencio Randazzo
Carlos Zannini, Facundo Moyano, Florencio Randazzo
La victoria de Catamarca, crítica para la oposición, está lejos de ser inocua en el planeta K. El PJ, los gremios y los clanes piqueteros exploran, con incertidumbre, la incidencia que la centralidad en la figura de Cristina de Kirchner tendrá en el futuro diseño oficial.

La inquietud apareció tras la muerte de Néstor Kirchner y no se saldó. La padecen quienes esperan, muchos en vano, un contacto con Olivos, una cumbre con la Presidente o, al menos, un mapa indicativo de las terminales donde pueden rescatar alguna precisión.

La aureola triunfalista que flotaba sobre Cristina de Kirchner ganó espesor con el festejo catamarqueño -su bendición volcó una elección que se daba por perdida- y redimensionó un temor latente: cómo «atar» a una figura que es, en teoría, electoralmente autosuficiente.

Más simple: si la Presidente es el gran imán de votantes ¿qué necesidad tiene de premiar a los jerarcas sindicales y a los caciques peronistas y piqueteros? El interrogante inunda, en estas horas, los campamentos kirchneristas.

Un dato acrecienta las dudas. A poco más de dos meses del cierre de listas para las primarias, nadie sabe cómo se resolverá el espinoso reparto de candidaturas del Frente para la Victoria. Se repite, genérica, una respuesta: «Todas las listas las va a armar ella».

En rigor, ni Kirchner lo hacía. Hasta 2007, daba el marco global pero descargaba esos oficios logísticos en Alberto Fernández. En Buenos Aires, por aquellos días, intervino otro ausente notable, Alberto Balestrini, acérrimo opositor de las colectoras.

En 2009, estrenó un staff más amplio: Florencio Randazzo, Carlos Zannini, Oscar Parrilli y, entre otros, Aníbal Fernández. Desde las sombras, intercedía Juan Carlos Mazzón, que maniobró junto al ministro del Interior para sellar la unidad del peronismo catamarqueño.

Ese es, por ahora, uno de los pocos incidios sobre cómo podría funcionar la maquinaria de decisiones. Hay otro: el cierre de listas de Santa Fe se resolvió en el despacho de Zannini.

Cristina de Kirchner, cuentan, pide carpetas sobre candidatos en cada territorio con las que en su momento resolverá cada casillero. Pero se desconoce qué mecanismo regirá para compaginar la previsible diversidad de informes.

Clasismo

El de Hugo Moyano es un caso paradigmático. Hizo un pacto de reciprocidad con Julio De Vido pero, hasta ahora, la hermandad con el ministro de Planificación no le alcanzó, siquiera, para garantizarse una secuencia periódica de contactos con la Presidente.

Su faltazo al acto de Huracán, que candorosamente se atribuyó a una dolencia física, debe tomarse como un síntoma de malestar del camionero por su actual aislamiento que, presume, podría replicarse cuando se confeccionen las listas de candidatos para octubre.

«Hay muchos que se ponen el traje de Néstor» se quejan en un campamento piquetero y temen que un círculo de extrema cercanía a Cristina de Kirchner termine copando el armado de las boletas y desplace a las representaciones territoriales tanto piqueteras, como sindicales y hasta del PJ.

Los alcaldes lo sintieron, en estos meses, cuando el Gobierno instaló la idea -que consideran irreversible- sobre la existencia de colectoras. Se consuelan, ahora, con una reforma de la Ley Electoral bonaerense para dificultar el acceso a la minoría en las primarias.

Anteayer, un espadeo que hace tiempo ronda en la web, retomó vigencia por una parrafada de Facundo Moyano: habló del ninguneo con que la prensa K evaluó la presencia de la Juventud Sindical (JS) en el acto del último viernes en la cancha de Huracán.

Considerado el más cerebral del clan Moyano, «Facundito» atribuyó ese trato a una cuestión clasista: en criollo, lo explicó como parte de una disputa entre kirchnerismo «blanco» y kirchnerismo «negro», según la definición que usó, horas más tarde, un dirigente K.

Hizo números y contó que la JS aportó una columna de 11 mil personas para llenar Huracán. Un organizador le dio la razón y contrapesó con La Cámpora que, según esa fuente, acercó unos 2.000 militantes. En su explosión, Moyano traficó un reproche: «El modelo no se profundiza con la foto de Nestornauta (ícono por excelencia de La Cámpora), sino haciendo lo que Néstor decía».

El debate -aunque Moyano Jr no abordó ese capítulo- tiene la misma matriz que el impulso a una candidatura de Martín Sabbatella paralela a la de Daniel Scioli: el imaginario de un kirchnerismo depurado de las estructuras y los personajes clásicos del PJ y el sindicalismo.

Retoma, a su modo, la pulseada entre progresismo K y peronismo K. Esa síntesis aún está pendiente y, en teoría, se saldará la medianoche en que el kirchnerismo anote a sus candidatos. Para varios puede ser demasiado tarde. Por eso patalean.

Todo se enlaza. El mando centralizado de Cristina de Kirchner, la casi nula accesibilidad que el peronismo y los gremios tienen a Olivos y el «cerco» cristinista configuran un motivo, que quizá el tiempo demuestre injustificado, para aquellos temores.

Por las noches, son muchos los que extrañan a Néstor Kirchner.

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