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El fin de la recesión llega a toda velocidad
José Siaba Serrate
En cambio, la caída de los empleos sí preocupa. Pero queda claro que no inhibe una recuperación dotada de fuerte vigor inicial. De tal manera, la productividad avanza rampante y proyecta mayores márgenes de rentabilidad (cortesía de una reducción significativa de los costos unitarios de trabajo).
Cierre
A los efectos prácticos, la recesión quedó atrás. La depresión se evitó, la Gran Recesión -la fase de caída libre fuera de control- ya había terminado en el segundo trimestre y ahora se cierra también la etapa de contracción suave del producto. Subsiste, empero, el riesgo de sufrir un traspié imprevisto que dé lugar a una recaída peligrosa. Ni los ingresos personales ni mucho menos el empleo pisan tierra firme. Dieciséis bancos sucumbieron sólo los dos últimos fines de semana. No habrá, pues, declaración oficial del final de la recesión. No, hasta pertrecharse de mejores resguardos.
La contribución de las iniciativas de estímulo es decisiva. El plan canje fue un aporte mayúsculo. La producción automotriz justificó por sí sola un aumento del 1,66% del producto bruto. Pero, aun sin autos, se creció entre julio y setiembre un 1,8% (y la demanda interna, el 3%). En los hechos, el efecto multiplicador es más pujante que en los debates. Todo indica, aun entendiendo lo difícil de asignar atribuciones precisas, que las políticas de estímulo no cayeron en saco roto. La economía -operando en un entorno keynesiano- reacciona a los incentivos. Aunque se les conceda a los detractores del plan canje el beneficio de la duda -se sabrá recién en los próximos meses hasta qué punto las mayores ventas de autos de julio y agosto son un aumento de la demanda y no un mero desplazamiento temporal-. Pero los resultados no se agotan allí. Si el consumo no se destruyó, las razones son evidentes. En el último año, la recesión redujo un 5% el ingreso personal (su nivel es un 4,7% inferior al del promedio de 2006) pero, gracias a las transferencias públicas, la renta disponible aumentó en un 1%. La estabilización del consumo o la resurrección de la inversión en vivienda no son ajenos a los desvelos extraordinarios de las políticas oficiales. El crédito a la primera compra de vivienda -8 mil dólares- no guarda un vínculo directo con la actividad que se computa en las cuentas nacionales, la construcción de nuevas residencias. Pero la medida facilitó la descompresión del mercado de viviendas de segunda mano y diluyó la acumulación de unidades ofrecidas para la venta (en un 10,6% desde julio hasta setiembre). Al facilitar la baja de tasas largas y la refinanciación de hipotecas, la política monetaria también incita la demanda (hoy por hoy, el crédito primario de la Fed sólo crece por las compras de títulos de largo plazo para su cartera). Vale acotar que la decisión de construir se toma del otro lado del mostrador; es un resorte propio de la oferta. Y, en este terreno sensible, donde se forjó la prehistoria de la crisis, y donde golpean más que nunca las desventuras del crédito hipotecario comercial, la actividad empresarial respondió con un salto anualizado del 23,4% quebrando así una sucesión de catorce trimestres consecutivos en baja (trece de los cuales acusaron caídas de dos dígitos). Bastó con su vigor para que la inversión fija también aumentara (por primera vez desde el segundo trimestre de 2007). Aquí, pues, no hay signos de desplazamiento del gasto privado, sino de inducción. No hay expulsión («crowding out»), sino un efecto atracción de las agresivas políticas públicas. Y es verdad que iniciativas como el plan canje no se repetirán y ya agotaron por completo su incidencia, pero aún falta desempolvar el grueso de la artillería fiscal de estímulo. Tocará su turno recién en 2010.
En paralelo, la poda de inventarios continuó su rutina. Pero cedió en intensidad. Si en el segundo trimestre se recortaron stocks por valor de 160 mil millones de dólares constantes, esta vez sólo se eliminaron 130 mil millones. Esa desaceleración sumó casi un punto al crecimiento del producto. De ahí que, en el horizonte inmediato, la mejor garantía de expansión es la muy tenue posición actual de inventarios. Será difícil no crecer los dos próximos trimestres cuando el gasto se recompuso -la demanda final de la producción interna ya lleva dos trimestres en alza- y las empresas lo abastecen vaciando sus depósitos de mercadería. En el comercio minorista el raleo de existencias no tiene precedentes. El fuerte incremento de las compras externas -la primera suba desde el tercer trimestre de 2007- sugiere que la reposición comenzó por el lado de las importaciones. Si el tirón persiste, deberá arrastrar de lleno a la producción interna. Para tener una idea de su calibre potencial, basta consignar que si la liquidación de inventarios cesara por completo en el cuarto trimestre, su impacto equivaldría a 4 puntos del producto bruto. Todo ello antes de sumar un solo dólar a las existencias de mercadería.


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