El cruce entre fútbol y literatura es cada vez más habitual. Autores que ponen el foco en historias que se tejen alrededor del deporte que más apasiona, el que juegan todos, sin distinción de clases ni zonas geográficas, proliferan entre las novedades editoriales. En especial en tiempos mundialistas, cuando se futbolizan hasta los que miran apenas un puñado de partidos cada cuatro años.
Sin embargo, a tono con las modas discursivas de los tiempos que corren, donde en el párrafo anterior dice "autores", también hay que decir "autoras". "Las dueñas de la pelota" son cuentos de fútbol, pero escritos por mujeres, que alzan su palabra en un espacio no sólo varonil, sino la mayoría de las veces machista. La selección de los catorce relatos estuvo a cargo de Claudia Piñeiro, quien además escribió el prólogo. "El fútbol es territorio de hombres. Y, si una mujer se atreve a pisar ese territorio, deberá soportar la desconfianza, la subestimación y una cierta molestia por participar de una fiesta a la que no fue invitada", señala la autora de "Las viudas de los jueves". Y acierta, porque, además, se puede ser hombre y no saber un pomo de fútbol. O ser mujer y entender a la perfección cómo funciona una dupla central con líbero y stopper.
No obstante, el mayor acierto de la selección pasa por la heterogeneidad. Hay diferentes puntos de vista, que, en general, escapan a la descripción pura y dura de jugadas y gambetas. Son tramas, climas y personajes que tienen al fútbol como marco. Se habla de aguateros multifacéticos de equipos de barrio, como en el cuento de Selva Almada, de personas en la sala de espera de un hospital discutiendo en torno a la emblemática Gorda Matosas en el relato de Esther Cross, de mujeres que arbitran en el futsal femenino y a partir de allí descubren jugadoras que sufren o sufrieron la presión de sus padres, como en el texto de Ana María Shua. También se filtra la última dictadura militar, reflejada a través de una tragedia familiar acontecida durante el Mundial 1978, narrada por Sandra Lorenzano.
Dos de los cuentos que se destacan se centran en la figura materna. "La madre de Mariano Osorio", de Piñeiro, se construye a través de la literalidad de ciertos insultos que se dicen entre chicos y en la intervención de los padres para calmar o agitar las aguas. "Alma negra", de Alejandra Laurencich, quizás el relato que sobresale en este compilado, crea una tensión que aumenta y tiene en vilo al lector en base a una madre que, a sabiendas, comente un acto poco ético para que su hijo, con una leve discapacidad, pueda ser titular en su equipo al menos en un partido del torneo barrial.
Hay un texto que remite sin dudas al maestro del género, Roberto Fontanarrosa: "La voz del estadio", de Gabriela Saidón. Con humor, juega con la muerte de un hincha que es enterrado en el círculo central de la cancha del club de sus amores.
No todos los cuentos están a la misma altura del partido, como diría la metáfora futbolera. Algunos relatos pecan de forzar el lenguaje hasta hacerlo descender a un barro más sucio que el barro mismo del potrero. Otros derriban su verosimilitud al fallar en la narración de instancias de juego (un jugador no puede pasar a otro con un "tiro largo controlado", por ejemplo) o en suponer hechos inexistentes en el fútbol infantil y amateur.
| Ariel Basile |



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