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El girasol sigue en retirada y sólo la lluvia puede alentarlo
Retenciones, vulnerabilidad de precios y comercialización concentrada atentan contra el progreso del girasol, cultivo oleaginoso que cada vez da menos batalla a la soja.
Prácticamente estancado su desarrollo en los últimos 30 años, con excepción del crecimiento que mostró entre 1995/2000, que lo llevó a superar las 3,5 millones de hectáreas para luego volver a derrumbarse, en una visión rápida es difícil entender el porqué de semejante diferencia de comportamiento entre ambos cultivos.
Por caso, si bien «el yuyo» es bastante rústico y comparativamente barato en su implantación, el girasol presenta ventajas similares e incluso hasta mayores en sus zonas típicas. De hecho, y de acuerdo con los últimos datos de la revista Márgenes Agropecuarios, mientras los costos promedio de éste fluctúan entre u$s 166/177 por hectárea, los de la soja se ubican entre u$s 180/200.
Igualmente, los márgenes brutos del primero, con 18/25 quintales por hectárea, se ubican en una media de u$s 170 a u$s 300 por hectárea versus u$s 200 a u$s 400 para la reina de las oleaginosas. Naturalmente, con extremos bien por debajo y por encima de esas cifras.
Los técnicos señalan, además, que ante la sequía de la última campaña hubo varias zonas en las que el girasol mostró más resistencia y mejor comportamiento vegetativo aun que la soja.
Y, como si fuera poco, hay apenas media docena de países productores en el mundo, y su industrialización da uno de los aceites comestibles más finos que se conocen.
De ahí que las razones de la postergación relativa del cultivo haya que buscarlas en otros rubros, fuera los productivos, donde aparece un variado y profuso cóctel de justificaciones.
Las contras
Para Ricardo Negri, titular de ASAGIR, la entidad que nuclea a los productores de esta oleaginosa, uno de los principales efectos adversos del cultivo lo constituye el 32% de retenciones (impuestos a la exportación) que debe soportar el aceite y que, prácticamente, dejan fuera de competencia al cultivo.
«En la última campaña la producción cayó el 48%, y no se puede culpar sólo a la sequía», agregó el dirigente, aludiendo a los apenas 2,4 millones de toneladas cosechadas entre febrero y marzo últimos.
Algunos operadores del mercado agregan otras causas. «El área debería crecer fuerte, porque incluso es muy competitivo respecto de la soja. Sin embargo, todavía hay mucha seca en el oeste de Buenos Aires; además, el mercado está muy concentrado, y los productores no le tienen confianza», se animó uno de ellos que, de todos modos, prefirió el anonimato.
Es que este último es, históricamente, el elemento que más parece haber influido para determinar el estancamiento del cultivo. Así, mientras la soja se comercializa prácticamente en todos los puertos desde Barranqueras, en el Chaco, río abajo hasta Buenos Aires, el caso del girasol está concentrado en sólo media docena de operadores.
«Ahora los precios están más o menos cercanos, con un girasol marzo a u$s 220 nominal, y una soja nueva a u$s 230, pero ¿quién garantiza que no planchen después los precios en marzo?», preguntaba un tradicional productor, refiriéndose a la más que reiterada situación en el momento de cosecha.
«El clima se arregla, lo que es estructural es el sistema de formación de precios. El del girasol es un negocio que se hace a fijar, y es muy difícil de almacenar», explicó otro operador. Y, justamente, la tradicional vulnerabilidad de los precios que muestra este mercado, que llegó incluso a tener «intervenida» su pizarra en la década pasada debido a los desfases que mostraba entre los precios «virtuales» y los que se hacían realmente en los negocios concretos, lleva a la desconfianza de los productores.
«El tema de los precios es un escándalo. La pizarra es ficticia y en el mercado a término prácticamente no se opera, lo que impide tener coberturas a futuro, como sí ocurre con la soja», reconoció el trader, dando a entender que en más de 10 años, casi no hubo mejoras en el mercado este sentido.
La poca credibilidad en los precios, y la baja posibilidad de almacenamiento, especialmente en silo-bolsa (menos del 30% queda en manos de los agricultores) hacen que los productores deban entregarlo, en general, con precios a fijar que muchas veces son muy cuestionados.
Así y todo, el cultivo se sigue defendiendo, aunque las retenciones lo están golpeando mal. «La gente busca cultivos con mercado internacional y bajo compromiso doméstico», explicó, por su parte, Ricardo Negri (h), a cargo del Departamento de Economía de AACREA.
Retenciones
«El girasol tiene pocos puntos menos de retención que la soja, pero en general se desarrolla en zonas fuera del corazón agrícola. Se trata de áreas menos favorecidas y más difíciles para cualquier cultivo, por lo que el diferencial debería ser muchísimo mayor», destacó el técnico, que reconoció, además, que hay aspectos financieros que pueden compensar en parte, y ayudar a impulsar relativamente el cultivo en esta campaña.
Es que la brutal caída en la producción de trigo que puede dar ingresos en diciembre-enero determina que en un porcentaje interesante de campos se esté pensando en el girasol, pues, dado que su cosecha es en febrero-marzo, se constituiría en el primer ingreso económico de la campaña.
Pero para materializar aunque sea parte de esa intención hace falta que llueva en forma importante en las próximas semanas, especialmente en el sudoeste bonaerense, ya que el sudeste está en mejores condiciones, mientras que en el Chaco y el norte de Santa Fe ya comenzó la siembra con déficit de humedad.
Por eso, con muy pocas expectativas de que un eventual cambio en los impuestos a la exportación de este cultivo llegue a tiempo para influir en la siembra de esta campaña y, menos aún, que el mercado haga ya las postergadas correcciones para mejorar la transparencia y la credibilidad en el sistema de precios, sólo queda la lluvia para respaldar a un cultivo que no merece semejante estancamiento.


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