4 de diciembre 2009 - 00:00

El Gobierno fue víctima de su propia estrategia

El jefe de los diputados K, Agustín Rossi, negocia con Felipe Solá durante el cuarto intermedio de la sesión preparatoria. La peronista disidente Graciela Camaño dio ayer inicio a la sesión sin diputados kirchneristas, con aval de la oposición.
El jefe de los diputados K, Agustín Rossi, negocia con Felipe Solá durante el cuarto intermedio de la sesión preparatoria. La peronista disidente Graciela Camaño dio ayer inicio a la sesión sin diputados kirchneristas, con aval de la oposición.
La derrota que sufrió el kirchnerismo ayer en Diputados fue una clara muestra de que la oposición aprendió de las estrategias oficialistas en los últimos años. Después de haber hilvanado un acuerdo con el kirchnerismo entre la madrugada y la mañana de ayer para evitar una catástrofe política en el recinto, todos los bloques opositores bajaron a la Cámara sabiendo que, salvo que apareciera una ruptura, sería imposible que el oficialismo se impusiera.

Fue así como, tras romper el acuerdo y volverlo a negociar durante toda la tarde, incluyendo arengas de Néstor Kirchner, comunicaciones telefónicas con Cristina de Kirchner y negociaciones múltiples entre los bloques opositores en las oficinas de Eduardo Fellner, Agustín Rossi terminó reconociendo la derrota en el recinto, aunque mostrándola como una violación flagrante de la oposición al reglamento.

Durante toda la tarde, la sesión pareció estar al borde del fracaso. Pero, finalmente, el primer acuerdo entre oficialismo y oposición para salvar el recinto de una guerra terminó primando.

Así, todos los bloques, a excepción de la chaqueña Sandra Mendoza -quien a último momento pidió la palabra para denunciar también la violación opositora al reglamento y votó en contra-, terminaron apoyando la nueva distribución de cargos. Las puntadas finales se hicieron ya sin Néstor Kirchner en la Cámara, que aguantó sólo hasta que Lidia Satragno Pinky le entregó la presidencia del cuerpo a un Fellner ya confirmado en su cargo.

Así, a Fellner lo acompañarán Ricardo Alfonsín como vicepresidente primero, Patricia Fadel como segunda y quedó sin resolver el vicepresidente tercero que, después de haber sido cedido por la Coalición Cívica al peronismo disidente en prueba de armonía, terminó en pelea entre esos dos bloques.

Pero el tema central en disputa no fueron precisamente esos cargos, sino la Constitución y las jefaturas de las comisiones. Tras imponer el número con 143 votos propios comprobados, los bloques de la oposición se garantizaron 25 presidencias de comisión, dejándole 20 al kirchnerismo. Los nombres de esos jefes de comisiones deberá nominarlos una comisión especial que sesionará esta semana para que se aprueben en otra sesión el próximo 9 de diciembre, tal como se convocó ayer en el recinto de Diputados.

En las comisiones de Presupuesto y Hacienda, Asuntos Constitucionales, Peticiones Poderes y Reglamentos y Juicio Político, la oposición tendrá la mitad más uno de los diputados, y el resto de las comisiones se distribuye de acuerdo con el sistema DHont, aunque en la mayoría a la oposición le quedarán 17 miembros; y al kirchnerismo, 14.

La única pelea que quedó sin zanjar fue la vicepresidencia tercera. Elisa Carrió, que la había cedido al acuerdo para que la integrara el Frente para la Victoria, dejando la vicesegunda al peronismo disidente, dio marcha atrás con la idea cuando el radical Oscar Aguad accedió a dársela al kirchnerismo para aflojar la tensión. Así, ni los peronistas rebeldes ni Carrió aceptaron el nuevo acuerdo, y el cargo, por ahora, quedó por discutir en la continuidad de la sesión, convocada para el 16 de este mes a las 12.

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