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El Gobierno quedó a solas con la Iglesia para votar el Código
Ricardo Gil Lavedra, Ernesto Sanz, Marcelo Fuentes, Diana Conti, Aníbal Fernández y Miguel Pichetto, juntos en la Bicameral del Código Civil sólo para la foto ya que no hubo acuerdo alguno sobre el proyecto.
A pesar de los intentos hasta último momento para lograr un acuerdo que le diera mas legitimidad a la votación del nuevo Código, el Gobierno sólo pudo sumar al consenso a la puntana Liliana Negre de Alonso que había pedido modificar el artículo 19, donde ahora quedará establecido que "la existencia de la persona humana comienza con la concepción".
Era otro de los cambios que pedía la Iglesia que ya había logrado eliminar del Código el tratamiento de la maternidad sustituta o alquiler de vientres. Con la reforma que ayer concedió el kirchnerismo para lograr un consenso que lo alejara de votar el Código a solas y con esto viciar aura fundacional que Cristina de Kirchner le quiso dar a este proyecto, se eliminó la segunda parte de ese artículo donde decía que "en el caso de técnicas de reproducción humana asistida, comienza con la implantación del embrión en la mujer". Es decir, una sustancial diferencia a la hora de definir el momento del comienzo de la vida, concepto básico del Derecho Civil para delimitar el nacimiento de la persona.
El radicalismo, que se había negado en todas las reuniones convocadas en el despacho de Miguel Pichetto a acordar un texto común si no se volvía a incorporar al nuevo Código Civil el tratamiento de la responsabilidad civil del Estado, terminó multiplicando las críticas tras esa última modificación y anunciando su rechazo total al proyecto.
La radical María Luisa Storani inmediatamente atacó: "La desaparición en el artículo 19 de la figura de la concepción desde el momento de la implantación del embrión en la mujer hace que las técnicas de reproducción humana asistida queden sin efecto práctico".
Ricardo Gil Lavedra fue aún más duro con ese pedido de la Iglesia gestionado por Negre de Alonso y aceptado por el kirchnerismo recordando que con la modificación los embriones podrían ser considerados como "personas humanas: ¿Esto qué significa? ¿Que al que se le cae por error una probeta incurre en aborto?".
Así, la legislación sobre fecundación asistida no sólo no se moderniza, como idearon los redactores del proyecto original del Código Civil sino que da marcha atrás y hasta puede complicar penalmente las practicas de fecundación que se realizan en la actualidad.
En la reunión de la Bicameral del Código de ayer el kirchnerismo retrucó recordando que las técnicas de reproducción asistida están contempladas en el artículo 560 cuando se refiere al "consentimiento en las técnicas de reproducción humana asistida", pero la oposición cree que de nada sirve esa enumeración si la definición del inicio de la vida define de antemano la naturaleza de las prácticas.
No fue el único cambio introducido. También se eliminó del dictamen final el tratamiento de la "filiación pos mortem en las técnicas de reproducción humana asistida", donde se contemplaba el uso de este mecanismo tras el fallecimiento de uno de los cónyuges.
Nadie quiso preguntar en la reunión por el pensamiento de Aída Kemelmajer de Carlucci, una de las redactoras originales de estos temas, sobre los cambios.
Pichetto anunció durante la reunión que también se eliminaron las menciones a la "función social de la propiedad", un punto que había sido objetado por toda la oposición por entender que podría terminar violando la propiedad privada.
Para muchos kirchneristas aceptar estos cambios, en un Código que fue anunciado como la punta de lanza en la modernización jurídica del país obra cúlmine del Gobierno de Cristina de Kirchner, no fue fácil. Será interesante ahora, tras haber pasado por el articulado la pluma de Negre de Alonso, vigilar de cerca la sutil puja por la paternidad de este Código entre Ricardo Lorenzetti y la Casa Rosada.
"En un final lamentable, el oficialismo terminó tirando por la borda el enorme esfuerzo hecho para lograr una norma consensuada en beneficio de los ciudadanos, de los más débiles, de los diferentes y de las minorías. Lo que había empezado como una gran promesa de modernizar el Código de todos los argentinos receptando los principios trascendentes de la autonomía de la voluntad, la constitucionalización del derecho privado, la multiculturalidad y la concepción humanista, terminó en una burda entrega para satisfacer urgencias coyunturales y menores del Gobierno", les dijo el radical Juan Pedro Tunessi.
Graciela Camaño fue más allá: "Este Código carece de mucha de la coherencia que tiene nuestro actual Código. Yo siento que es el Código del Frente para la Victoria: hay cuestiones en las que ni siquiera fuimos consultados como representantes del pueblo".
La UCR terminó emitiendo un comunicado oficial de rechazo por la noche: "El Gobierno rompió toda posibilidad de consenso. Desde el proyecto de ley que limita la responsabilidad del Estado y de los funcionarios hasta las concesiones que hizo con temas de fondo, como dejar sin efecto práctico la fertilización humana asistida o negar el derecho al agua, el oficialismo ha impuesto su vocación de unificar los Códigos Civil y Comercial cueste lo que cueste".
Para terminar de cerrar el proyecto, Julián Domínguez se comunicó con el secretario de Culto, Guillermo Olivieri, para que le transmitiera al titular de la Conferencia Episcopal Argentina, José María Arancedo, las modificaciones que se habían introducido. El proyecto pasará al recinto del Senado el próximo 27 de noviembre.


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