11 de noviembre 2009 - 00:00

El Gobierno vuelve a ver una maniobra para desestabilizar

El Gobierno vuelve a ver una maniobra para desestabilizar
El Gobierno insistió ayer con la idea de que la ola de protestas y el paro de subtes están relacionados con la intención de malograr el mandato de Cristina de Kirchner. Mientras por un lado el ministro Carlos Tomada repelió el reclamo de los huelguistas, la oposición rechazó las declaraciones de la Presidente, que el lunes advirtió sobre un supuesto golpe institucional y una provocación la seguidilla de piquetes y manifestaciones, y aludió que quienes quieren llegar al poder deben esperar las urnas. De los cruces participaron funcionarios del oficialismo y del antikirchnerismo.

Tomada criticó a los delegados disidentes del subte que buscan personería gremial independiente y los acusó de haber roto «todas las reglas». Dijo que «no era necesario» llevar adelante semejante paro y que «la petición que ellos han hecho de inscripción gremial pareciera que se resuelve soplando y haciendo botellas. Y no es así. Es mucho más complejo. En estos momentos el expediente está en la Justicia».

En ese sentido, Mauricio Macri sostuvo que los huelguistas «tomaron de rehén a más de un millón de personas» y culpó al Ministerio de Trabajo por no resolver el conflicto y al Gobierno, de ser responsable del aumento de las protestas.

En esa sintonía estuvieron Elisa Carrió, Gerardo Morales, Francisco de Narváez y Ernesto Sanz, entre otros.

«Me pareció un poco exagerado lo que dijo (Cristina Kirchner), yo no veo esa vocación (de desestabilización) en la Argentina. Me parece que ella debe tener una enorme preocupación, como la tenemos todos, por el creciente descontrol social que se vive y se manifiesta principalmente en el espacio público», consideró Macri.

El jefe de Gobierno porteño dijo que la situación social «también tiene que ver con una política que ellos han llevado a cabo y que deben hacerse cargo».

«El otro día cortó la 9 de Julio un grupo que decía que lo hacía para manifestar su apoyo al kirchnerismo; parecería una tomada de pelo, unos cortan porque están en contra y otros porque están a favor. No es muy serio lo que está sucediendo en nuestro país en términos de coherencia», aseveró Macri, quien estaba presente en el acto de la Casa de Gobierno cuando Cristina de Kirchner se refirió a «provocaciones».

Carrió, Morales y Rubén Giustiniani sostuvieron: «El propio Gobierno no deja de emitir gestos de aprobación a grupos violentos o de discriminar entre buenos y malos», y le exigieron a la Presidente que «precise el plan de desestabilización que denuncia».

«Sus dichos se inscriben en la histórica interna del PJ que tenemos que pagar todos los argentinos con peleas de poder y violencia en las calles», sostuvieron los dirigentes.

Sanz, presidente del bloque radical en el Senado, afirmó que no cree que «haya ningún plan de desestabilización», aunque «lo que sí hay es un alto nivel de crispación y el Gobierno debe asumir que es el primer responsable de encontrar canales de paz social y de tranquilidad emocional».

Desde el oficialismo, Daniel Scioli salió a sostener la postura del presunto golpe institucional. El gobernador aseguró que hay sectores que quieren «generar un clima de inestabilidad e incertidumbre», y que hay que estar «muy atentos» a esa situación.

«Hay muchos que evidentemente quieren distraer la atención y tratar de generar un clima de inestabilidad, incertidumbre, para tapar otras cuestiones», remarcó Scioli y coincidió con Cristina de Kirchner, acerca de las «provocaciones».

También el diputado oficialista Edgardo Depetri acusó a sectores de la «dirigencia económica y política» de querer «generar una sensación de caos, de desgobierno y presionar por la renuncia anticipada de Cristina Kirchner».

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