24 de junio 2015 - 00:00

El gran regalo de Miller a Marilyn

El gran regalo de Miller a Marilyn
Arthur Miller, "Vidas rebeldes" (Bs.As., Tusquets, 2015, 220 págs.).

Fue un fracaso cinematográfico cuando se estrenó, hoy es una película de culto, uno de los grandes momentos del cine estadounidense. Se pensó que el libro de "The misfits" ( que en España se llamó "Vidas rebeldes", y entre nosotros se tradujo acertadamente como "Los inadaptados") era un mero guión, y es en realidad una novela con variadas interpretaciones, y ésa es una de sus riquezas.

En 1960, Arthur Miller, el dramaturgo autor de "La Muerte de un viajante", escribe para la que en ese momento era su mujer, Marilyn Monroe, "Los inadaptados", una historia que la alejará definitivamente de la comediante de "Los caballeros las prefieren rubias", para mostrarse como actriz dramática, algo que potenció en el Actors Studio de Lee Strasberg. Algunos han dicho que se trató de un regalo envenenado, que muestra a Marilyn como una rubia tonta que ahora dice cosas sabias, una mujer que vive sacándose de encima a los hombres, que termina formando parte de un mundo crepuscular.

Sin embargo, la lectura de la novela lleva a otro lado. A ése que hizo confesar al director John Huston que comenzó la lectura como un boxeador en guardia y, de repente, recibió un puñetazo en el estómago. El texto gana al lector. Miller considera que hizo un ejercicio de estilo, una obra hasta cierto punto experimental. "La peculiaridad de 'Los inadaptados' difícilmente podría transmitirse por medio de la naturaleza telegráfica y diagramática de un guión" -explica Miller-, "puesto que su sentido depende tanto de los matices de los personajes y del lugar donde se desarrolla la acción como de su trama", y tenía que "suscitar por medio de las palabras las emociones que la película, una vez concluida, debía poseer" y "que hasta ese momento sólo existía en la mente del escritor". Así surge "una forma híbrida de relato que ofrece vigorosas posibilidades de reflejar la existencia contemporánea", que utiliza esa "forma particular de ver la vida" que ha impuesto el cine.

Miller narra como dramaturgo, pero también como director de la película (le deja poco lugar a Huston), se detiene en detalles que permiten otras interpretaciones al espectador, y más aún al lector. Un caso concreto, el final en el film es agónicamente conclusivo, la protagonista decide irse del lado del viejo cowboy, mezcla de amante y padre; en tanto que en la novela se plantea la posibilidad de quedarse y cambiar.

Miller ha dicho que la historia le llegó en un bar, pero también pudo estar inspirada en el título de la estupenda novela de Horace McCoy "¿Acaso no matan a los caballos?".

En Reno, Nevada, la ciudad que le gana en divorcios a Las Vegas, Roslyn (Marilyn Monroe), bailarina en cabarets, termina su relación con un marido siempre ausente, y se enreda en las andanzas de Guido (Eli Wallach), un mecánico y aviador, Gay (Clark Gable), maduro cowboy, y Perce (Montgomery Clift), que vive compitiendo en ferias de rodeo. Roslyn hace que esos hombres se unan, se envidien, rivalicen por ella. La forma de sobrevivir de esos seres a la deriva es salir a cazar caballos salvajes para venderlos como carne para hacer comida para perros y gatos. Roslyn deberá enfrentarse a un mundo insospechado y atroz para su sensibilidad. Como un protector de la vida de los animales en crisisles grita "creen que lo saben todo, menos lo que significa sentirse vivo, ustedes matan porque están muertos". El autor de "Las brujas de Salem" suma metáforas, los caballos símbolos de la libertad son llevados al matadero por decadentes vaqueros, hombres que se piensan libres viviendo de la caza y de la pesca y se negaban a entrar en algún empleo para no estar condenados a la esclavitud de un sueldo, del sistema, inadaptados que quieren seguir como si no hubiera concluido el sueño americano, como si aún pudieran pertenecer a la secta del cuchillo y el coraje.

Máximo Soto