1 de octubre 2013 - 00:00

El inglés Anthony McCall recrea con luz el Aleph borgeano

Si la visión renacentista concebía el cuadro como una ventana para un espectador que se detiene a mirar, la obra de  Anthony McCall es un espacio penetrable y tridimensional.
Si la visión renacentista concebía el cuadro como una ventana para un espectador que se detiene a mirar, la obra de Anthony McCall es un espacio penetrable y tridimensional.
Hasta el jueves en el Faena Arts Center de Puerto Madero se puede ver la obra del británico Anthony McCall (1946), un cineasta, escultor y dibujante capaz de modelar volúmenes de luz en medio de las tinieblas. La inmensidad de una sala de total oscuridad aparece interrumpida por unos conos de luz tajante que brotan del techo y descienden diez metros hasta trazar unas líneas en el piso. Las paredes luminosas cortan las sombras con la precisión de un bisturí. Los espacios dentro de los conos están definidos, aislados del entorno por los muros de luz que poseen unos pocos centímetros de espesor. El límite transparente es una barrera luminosa que se atraviesa sin dificultad, sin embargo, su condición es inexpugnable: hay un mundo adentro y otro muy distinto afuera. La muestra presentada por el curador alemán Alfons Hug, se denomina "El Aleph" y comprende dos inmensas salas: la imponente instalación de McCall y un espacio también monumental intervenido por Mischa Kuball.

Acaso sin proponérselo, McCall recrea el sótano de la Avenida Garay que imaginó Borges en "El Aleph". Allí se encuentra un punto que permite ver simultáneamente el universo entero. Es el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos", como lo define el propio Borges. Lo cierto es que los visitantes que arriban a la exposición, reconocen que la obra tiene una capacidad envolvente y que al igual que el Aleph, anula el espacio y el tiempo. El espectador debe dejarse llevar y de este modo las cuestiones prosaicas de la vida quedarán en la calle.

La experiencia de ingresar en un ambiente donde la luz es protagonista, de estar aislado en medio de una burbuja cuya única frontera es una fantasmagoría que se desmaterializa al atravesarla, depara sensaciones nuevas. Para comenzar, el espectador debe vivir su experiencia estética. Si la visión renacentista concebía el cuadro como una ventana para un espectador que se detiene a mirar, la obra de McCall es un espacio penetrable y tridimensional. Aunque etéreas, las voluminosas formas invitan a desplazarse por el interior, recorrerlas, vivirlas y hasta acostarse para experimentarlas con mayor intensidad.

Por otra parte, esa luz que brota de las sombras activa la conciencia. Desde el principio de los tiempos la luz está asociada al conocimiento y la sabiduría. La noche es la ignorancia. Pero más allá de la evanescente materialidad de esos conos abstractos, la luz simboliza la vida. Hug compara el ingreso al interior de esos espacios luminosos -cuyos suaves movimientos abrazan al visitante-, con la sensación que provoca estar en una catedral. El curador alemán acaba por cuestionar si, finalmente, como tantas veces se ha dicho, el arte será la nueva religión capaz de conmover a la humanidad.

"Para mí todo empezó con el cine en el año 1973", observó el artista durante el vernissage, cuando estuvo en Buenos Aires. "En Nueva York comencé a hacer películas con luz sólida, una toma de 30 minutos se transformó en un cono de luz tridimensional. Así pude realizar esculturas con algo completamente inmaterial. Los conos de luz simulan una estructura sólida con un movimiento leve y constante, este movimiento es fundamental para lograr una apertura sensorial y emocional que hace que el público perciba la obra con el cuerpo, atravesándola realmente, con sorpresa y sin metáfora".

Sin duda los costos de la compleja artillería tecnológica, los poderosos proyectores de luz y las máquinas para inundar los espacios con una niebla sutil pero suficiente para que McCall diseñe las líneas aerodinámicas de sus esculturas, son elevados: llevan un tiempo de encendido especial y un desgaste. La muestra se inauguró el 21 de setiembre, se exhibe ante el público apenas tres días de la semana, y aunque en el sitio web de Faena está anunciada hasta noviembre, en el lugar donde se expone informan que cierra el jueves.

La muestra "El Aleph" comprende además la mega instalación lumínica del alemán Mischa Kuball. La obra de Kuball consiste en un enjambre de luces y reflejos que bailan y ruedan por una superficie de casi mil metros también en penumbras. La visión de las bolas de espejos girando como en una discoteca, suscita, a pesar de las palabras que proyecta sobre el espacio, evocaciones inconfundibles, ligadas lejanamente a la música.

Alfons Hug nació en 1950 en una aldea del sur de Alemania, se formó en idiomas antiguos y modernos, lingüística y literatura comparativa y hoy es un modelo del curador internacional. Después de vivir en Colombia, Venezuela y Brasil, dirigió la Casa de las Culturas del Mundo en Berlín. Estuvo en Moscú, volvió a San Pablo y es la cabeza del Instituto Goethe de Río de Janeiro. Fue el curador de las ediciones 25 y 26 de la Bienal de San Pablo y de bienales como la del Mercosur, Ushuaia, Latinoamérica en Venecia y la exitosa de Montevideo. Hug tiene la mirada entrenada para sacar partido del arte de todo el planeta y, además, cuenta con artistas dispuestos a dar la vuelta al mundo para acompañarlo.

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