5 de febrero 2013 - 00:00

El inicio de subastas en N. York promete buenas inversiones

«Ninfas con reflejos de hierbas altas», de Monet, es después del Picasso «Mujer sentada frente a una ventana» (valuado entre u$s 39 y 55 M), la segunda obra top de la subasta de arte impresionista y moderno, de esta noche en Sotheby’s de Londres.
«Ninfas con reflejos de hierbas altas», de Monet, es después del Picasso «Mujer sentada frente a una ventana» (valuado entre u$s 39 y 55 M), la segunda obra top de la subasta de arte impresionista y moderno, de esta noche en Sotheby’s de Londres.
El arranque de la temporada de subastas en el hemisferio Norte, el miércoles pasado, tal como adelantó este diario, tuvo su pico más alto cuando Christies recaudó el récord de u$s 13 millones por «La virgen y el niño», del artista italiano Fra Bartolomeo, en su venta de arte renacentista. La cifra está dentro de la media en las cotizaciones de este período de la pintura que se sitúa en general por debajo de los 15 millones, una marca más baja en comparación con los espectaculares precios tanto de algunos impresionistas del siglo XIX como modernos y abstractos de la escuela de Nueva York.

Un día después, Sothebys presentó en Londres las obras que saldrán a la venta hoy, con artistas de los siglos XIX y XX, donde la que concita las mayores expectativas es «Mujer sentada frente a una ventana» de Piccaso, con un estimado de entre 39 y 55 millones de dólares, seguido de «Ninfas con reflejos de hierbas altas» de Monet, con 28 millones de precio estimado, y «Mujer soñando con escapar», de Joan Miró con un precio final previsto entre 12 y 19 millones.

Mañana, será el turno de Christies, que ofrecerá 78 lotes entre los que se destaca «Jeanne Hebuterne (au chapeau)», de Modigliani con un precio estimado de entre 25,8 y 35,9 millones de dólares.

Con una incipiente expectativa de recuperación de la economía norteamericana y europea, es de esperarse un año en subastas mas parejo que el anterior, y también de cifras globales más altas; al menos ésa es la esperanza de los observadores, No así de quienes se empeñan en medir con índices la rentabilidad que son muy útiles para otros mercados, y no para el arte que -como decimos habitualmente- se rige por sus propias leyes, no siempre mensurables por la vía matemática o de la comparación. Que el arte es una inversión rentable en el largo plazo no es novedad, y que algunas veces las ganancias son fabulosas, tampoco.

Si no, baste con recordar lo ocurrido hace un par de meses, cuando el precio récord para un artista viviente de 2012, fue para una obra de Gerard Richter, perteneciente a la colección de arte contemporáneo del guitarrista Eric Clapton, que se vendió en 34 millones de dólares a un comprador anónimo, cuando la misma había sido comprada en 3 millones en 2001.

Si bien no todos los casos de inversiones en arte tienen este nivel de retorno, cierto es que esto tampoco ocurre con frecuencia en inversiones de otro tipo, menos aún con tal porcentaje de beneficio neto. En otro caso, inverso al anterior, Damien Hirst, el «enfant terrible» del arte británico que impresionara con sus tiburones disecados y calaveras con diamantes, se derrumbó en un 30 % desde los fabulosos precios del 2009, año de apogeo y derrumbe financiero en los mercados mundiales, tal vez por estar sostenido por inversores financieros del mercado de capitales, y no por coleccionistas de arte tradicionales, que son más dados a tener en cuenta el valor artístico de las obras y operan en un plazo más largo.

Esta diferencia de experiencias tiene algunos correlatos con la forma de comprar y coleccionar, siendo beneficiados siempre los que apuestan a obras de artistas cuyo reconocimiento trasciende fronteras y épocas, y esperan mas tiempo para realizarlos.

También, los inversores avezados procuran diversificar sus tenencias de arte y no limitar su cartera a un determinado género u artista sino que tienden a ampliarlo, siempre dentro de las preferencias artísticas de cada uno. Otra ventaja para el arte es que actúa como una cobertura eficaz contra la suba de precios cuando la inflación aumenta, según validan diferentes estudios.

En promedio, al arte le fue considerablemente mejor en los últimos 40 años donde la inflación estaba alta, ya que los retornos que generan las obras de arte parecen los más eficaces en esos contextos. También es para observar el hecho de que la crisis mundial de 2009 fue de mucho menor impacto para el arte que la sufrida en los 90, cuando el derrumbe de la economía japonesa provocó la retirada súbita de los magnates nipones, que en años anteriores habían llevado obras impresionistas a precios altísimos, que no se sostuvieron en los años que siguieron, pero sí reencontraron su precio real con el paso de los años.

En todo caso, la idea del arte como resguardo de activos se sigue consolidando.

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