30 de marzo 2012 - 00:00

El mercado sigue en la misma senda

El mercado sigue en la misma senda
Los grandes organismos internacionales de crédito han sufrido en los últimos años una serie de escandaletes del carácter menos esperado: el sexual. En 2007 Rodrigo Rato renunció al FMI citando razones personales, que las malas lenguas vincularon a su «agrio divorcio» (y a ciertas infidencias que habría amenazado revelar su «ex»). Le siguió Dominique Strauss-Kahn, un auténtico Lothario de quien preferimos ni hablar, y que renunció a regañadientes el año pasado para ser sucedido por Christine Lagarde. Pero no sólo en el FMI se han estado cociendo habas. También en 2007, Paul Wolfowitz se vio forzado a presentar su renuncia al frente del hermano menor del FMI, el Banco Mundial, bajo el estigma de favorecer a sus amantes con puestos, salarios y otras «menudencias». Su sucesor, Robert Zoellick, no ha dado que hablar, pero parece que las cosas están a punto de cambiar. En lugar de volcarse por Ngozi Okonjo-Iweala, la ministra de Finanzas de Nigeria (más allá de sus saber económico, lideró las reformas para que su país pasara de ser en 2005 el país más corrupto del mundo -puesto 183- al puesto 143 el año pasado; Argentina es puesto 100), el presidente Barack Obama acaba de postular a Jim Yong Kim, presidente del Dartmouth College, para presidir el BM. Dejando de lado las ideas económicas de este médico y antropólogo (en su único texto «económico», «Dying for Growth», sostiene que «los estudios del libro presentan evidencia de que la búsqueda del crecimiento del PBI y las ganancias corporativas han empeorado de hecho la vida de millones de mujeres y hombres»), su renuencia a hacer públicas las cuentas de su gestión, a no tomar medidas en contra de las «fraternidades», a no implementar medidas serias contra los ataques sexuales (se estima que hay en Dartmouth 109 asaltos sexuales y violaciones por año; en Harvard, con 3,5 veces más alumnos, apenas 21), su política de «drogas libres», su habilidad de rapero, el ser un «demonio» jugando al golf (según Obama), etc., promete que oiremos mucho sobre el banco en los próximos meses. El Dow, sin gran entusiasmo, trepó ayer un 0,15 por ciento, cerrando en 13.145,82 puntos al son de las operaciones de «Window Dressing».

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