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El misterio del financista amenazado por barras de Boca
Díaz presentaba como trabajo oficial una empresa de ambulancias, pero en la causa judicial que investiga su misteriosa desaparición, lo mencionan como un financista dedicado especialmente a la compraventa de cheques, y al circuito paralelo de dólares. Lo concreto es que a fines de febrero de este año, manos mafiosas y cobardes le tirotearon el frente de la casa de Lanús donde el hombre vivía con su ex. Fueron 14 tiros desde una moto. Clásico apriete del sicariato. Pero antes, ya lo habían apretado. En dos ocasiones, se le cruzaron barras de Boca Juniors mandados por una mujer. En uno de los casos lo amenazaron de muerte, en la otra hubo golpes. Por temor, Díaz no denunció los ataques. Sólo se los contó a su última novia, Ana Luna, con quien estuvo hasta el día de la desaparición. Es más, durmió con ella la noche previa.
De aquel 9 de marzo cuando se lo vio por última vez, se sabe que fue a la oficina del socio en el microcentro. Las cámaras de seguridad lo captaron entrando. Lo que pasó en esa reunión fue un misterio. Se habla de un cheque de $ 30 mil y de la presencia -en el acto y como testigo-, del hijo de un agente de la SIDE muerto a tiros en un allanamiento a su casa. Díaz dejó estacionado su auto en una cochera. Luego, tras la reunión con el socio, salió del edificio de San Martín 543. Nunca más se lo volvió a ver. Al día siguiente, alguien entró en la casilla de mensajes de su celular y trató de levantarlos. El celular, según la localización de antenas, se activó por última vez en una zona cercana al Aeroparque. Desde el día de la desaparición, su última novia y su exmujer asisten a un ritual tétrico: cada vez que aparece muerto un hombre no identificado, con las características físicas de Díaz, van a las morgues a verificar si se trata del financista buscado. Hasta ahora, coinciden ellas, salen de cada morgue aliviadas porque no es Díaz, tristes, porque no saben de su destino. Las hipótesis sobre la desaparición de Díaz van desde una fuga voluntaria por deudas, hasta un ataque criminal homicida, perfectamente planificado. En la causa hay declaraciones que acreditan deudas de más de u$s 300 mil. Los más optimistas piensan en un viaje en avión el mismo día de la desaparición, con final incierto. Si fue así, la hipotética salida de Díaz del país no quedó registrada en ningún control migratorio legal. Los más pesimistas dicen que el paso del tiempo es un mal indicio.


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