La China comunista rompió relaciones con la Santa Sede en 1951 y estableció una Iglesia Católica paralela controlada por el Estado, mientras que los católicos que permanecen fieles al Vaticano sufren la persecución y son con frecuencia forzados a la clandestinidad. El Vaticano reclama el derecho exclusivo de nominar obispos, algo que Pekín considera una injerencia en cuestiones internas.
"Espero sinceramente que esos países de su continente con quienes la Santa Sede no disfruta aún de una relación completa no duden en impulsar un diálogo en beneficio de todos", señaló en su discurso en el santuario de mártires católicos de Haemi-eup, unos 100 kilómetros al suroeste de Seúl. "Los buenos católicos también pueden ser buenos ciudadanos. Las autoridades no tienen que temer a la Santa Sede como algo que ejerce poder en su tierra", agregó.
| Agencia DPA |


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