El bronce, de más de dos metros de altura, replica la figura femenina del Monumento a la Bandera de Rosario y permanecerá en La Rural.
Amor y fraternidad. El monumental bronce del escultor José Fioravanti fue cedido a La Rural por un coleccionista privado.
La escultura de José Fioravanti (1896-1977), "La Patria del Amor y la Fraternidad", llegó a Palermo de la mano de un coleccionista privado para acompañar la nueva edición de la Exposición Rural. El bronce, de más de dos metros de altura, replica la figura femenina del Monumento a la Bandera emplazado en Rosario y permanecerá en La Rural.
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Con su serena belleza, "La Patria del Amor y la Fraternidad" aparece desnuda, con las líneas puras de su cuerpo despojadas de lo superfluo. Fioravanti supo otorgarle a la figura monumentalidad y grandeza, sin perder naturalidad. Sus brazos están abiertos, una capa cubre su espalda y lleva en su cabeza una corona de laureles. El propio artista describe el espíritu que la anima. "Porta un escudo, pero la suya no es una actitud de combate sino de tranquila seguridad, de serena alerta y consciente poderío. Su pie derecho se adelanta como un símbolo de la marcha sin sobresaltos, propia de aquel que sabe a dónde va, que conoce su ruta y tiene delante de sí un horizonte claro", señala. En el contexto de la Argentina de esos años, las ideas y símbolos del escultor coincidían con las aspiraciones de la comunidad donde se emplazaban sus obras.
El proyecto del Monumento a la Bandera, realizado por los escultores Alfredo Bigatti y Fioravanti junto a los arquitectos Ángel Guido y Alejandro Bustillo, se remonta a 1928, a una década de prosperidad poblada de artistas e intelectuales confiados en su saber y también en el futuro. Fioravanti tenía 23 años cuando ganó el Primer Premio Nacional; a los cuatro le otorgaron el Primer Premio Municipal y al año siguiente realizó su primera muestra individual y partió hacia Europa. Quería ver y entender el arte que allí se atesoraba y hacía. En 1927 regresó a Buenos Aires, exhibió sus obras y dos años más tarde recorrió Grecia y Egipto y se instaló en París. Allí, por encargo del gobierno argentino (después de ganar rigurosos concursos) realizó, entre otros, los monumentos de Nicolás de Avellaneda y Roque Sáenz Peña.
En 1935 expuso sus obras en el Jeu de Paume de París y los críticos de Francia analizaron su trabajo. Waldemar George se interroga: "¿Acaso Fioravanti es el iniciador de un modo de expresión que le confiere al arte de Argentina un aspecto distintivo?" Drieu La Rochelle (escritor amigo de Victoria Ocampo que conoció La Pampa y, al verla, acuñó la definición del "vértigo horizontal"), observó: "Fioravanti posee la cualidad primordial de todo artista: la audacia". Destacó también "la visión de conjunto, que establece el parentesco de todo artista con el arquitecto". Justamente, esta virtud posibilitó -cuando llegó la hora de realizar el demorado Monumento a la Bandera- la relación armónica con el estupendo escultor que fue Bigatti y los talentosos arquitectos, Guido y Bustillo.
Transcurrió más de una década desde que los cuatro ganaron el concurso, y otra más hasta que se inauguró el Monumento rosarino: el 20 de junio de 1957. Para entonces, la nueva burguesía industrial había movilizado el gusto tradicionalmente conservador y europeizante de los argentinos, le otorgó importancia al arte de su propio tiempo y al de su propio país.
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