3 de septiembre 2013 - 17:25

El PJ Buenos Aires sigue flojo de papeles

Claves y señales (para entender): • Al partido eje del Frente para la Victoria, que es el más grande del país, le congelaron la caducidad de la personería. • Lo hizo la Cámara Nacional Electoral porque ya se largaron las elecciones y cualquier cambio podría perturbar su participación. • Más señales del nuevo Macri: contó que nunca habría pacto con Scioli y Massa. • Cree que no hay candidato en Capital que les gane a los postulantes del PRO. • La magia de las imitaciones en las campañas.

Daniel Scioli y Mauricio Macri
Daniel Scioli y Mauricio Macri
En una resolución casi clandestina, la Cámara Nacional Electoral congeló la semana pasada el trámite de la denuncia por caducidad de la personería partidaria del Partido Justicialista en la provincia de Buenos Aires, el principal ejército político del partido que gobierna la Argentina. El PJ, que preside Cristina Álvarez Rodríguez, ministra de Gobierno de Daniel Scioli, que preside a su vez el PJ nacional, fue objetado ante la Justicia electoral de Buenos Aires, y el juez Manuel Blanco ordenó la caducidad del eje de la alianza Frente para la Victoria. El PJ apeló y el expediente subió a la Cámara Nacional Electoral, que resolvió el pasado 27 de agosto suspender el tratamiento de la apelación en razón de que "el partido de autos -afirma la resolución que firma el presidente de la Cámara, Alberto Dalla Vía- integra una alianza participante en el proceso electoral en curso". Según el magistrado, "la cuestión planteada en esta causa podría implicar la alteración de la composición de dicha coalición (Frente para la Victoria) y afectar las condiciones de participación en una instancia irreversible del cronograma electoral, producida ya la selección de las candidaturas en elecciones primarias, contrariándose así los principios de participación política y de certeza del proceso electoral".



Este incidente, casi de tinterillos bajo otras condiciones, señala la emergencia por la que transita el sistema electoral que este año debutó con nueva legislación -fiel a la estrategia del peronismo de que cada elección se haga con un reglamento nuevo-. Que el partido distrital más grande de la Argentina pierda la patente partidaria por inactividad de sus estructuras -debió llamar a Congresos y renovar autoridades en tiempo- no lesiona su fuerza política. Pero ilumina las dificultades de sus dirigentes para brindar a los afiliados, y al resto de los ciudadanos, una herramienta eficaz de debate político, articulación de la vida democrática (como señala la Constitución reformada en 1994 como función de los partidos políticos que entraron en esa fecha por primera vez en la carta magna), selección de candidatos fuertes y sustento a la gestión de sus mandatarios. Lo que pide ahora la Justicia electoral al PJ de Buenos Aires es que aporte las pruebas que respalden sus argumentos de que no han podido, por razones técnicas (padrones, etc.) normalizar el partido. No es difícil llevar esos papeles al juzgado. Sí lo es que los dirigentes admitan la pelea interna en que viven aquellos que no han podido sentar a los consejeros para, por ejemplo, designar una autoridad que no fuera la sucesión directa del anterior presidente, don Hugo Moyano, renunciante a la "cáscara vacía" que heredó a su vez de Alberto Balestrini, hoy enfermo pero titular de esa formación.



• Mirado así, el tinglado institucional es más que frágil si se piensa que es el distrito en el que milita el principal candidato a presidente del oficialismo en 2015, el gobernador Scioli, que puede quedarse sin estructura partidaria si sus apoderados no satisfacen los reclamos de la Justicia. Eso implicaría una intervención judicial del PJ para un "Pelado" Ruiz (para recordar al espía Ramón Ruiz, normalizador del PJ nacional) y la captura de esa herramienta por una burocracia de una dimensión desconocida. Si éstas son las cuitas de un peronista bonaerense para dedicarse al negocio de la política, ni pensar lo que implica para otras formaciones directamente la falta de estructura partidaria. El PRO de Mauricio Macri hizo siembra directa de gente propia en las listas de Sergio Massa, en trajín que no tiene todavía un rumbo cierto. Tampoco participa de estas elecciones la liga Carrió-Solanas, que pasando la Gral. Paz, en Capital Federal, parece tapar el cielo y comprometer el futuro de todos.



Corre en beneficio del interés público que en la Argentina, pese a estas tribulaciones que darían temas a tesis doctorales de primermundistas interesados en la política criolla, el sistema electoral funciona con eficacia y que, a diferencia de otros países como Estados Unidos o México, termina gobernando quien ganó en las urnas. Con partidos flojos de papeles y una dirigencia que ha dado todas las pruebas de que no quiere renovar ni pactos de representatividad ni dar debate de ideas o candidatos dentro de los partidos, los resultados finales consagran a mandatarios que nadie discute, aunque en la previa de cada elección pululen agoreros del fraude que nunca pueden probar nada. Con una política tan bajo la lupa, si hubiera constancias mínimas de esos presuntos fraudes, el sistema habría caído en un Cromañón electoral. El proyecto de las primarias que debutó en 2011 con la estatización de las internas partidarias ha sido un intento de forzar a ese debate. Ha beneficiado en el último turno a algunas formaciones, pero no pareció convencer a muchos de participar. Se repitió en la mayoría de distritos el festival de la lista única. En este turno, además, parece quebrada la intención de sus creadores de controlar mediante la encuesta previa que es la primaria a los disidentes y traidores. Creadas las primarias para beneficiar a quien gobierna, en este turno ha facilitado un triunfo opositor. Es concebible que antes de 2015 este sistema sea revisado de nuevo y, quizás, derogado por demasiado caro, por generar espejismos con encuestas que disparan lo que siempre se dijo de la segunda vuelta en los balotajes, el voto útil que le pone un ingrediente más de oportunismo a un oficio de ventajeros como es la política.



• Igual, el sistema tiene que lidiar con las picardías de ese oficio, que son interminables porque el ingenio de los políticos no descansa nunca. El código electoral reformado les regaló a los partidos el financiamiento de las campañas. Para los políticos argentinos eso es pagar avisos de radio y TV y la impresión de las boletas. Hay varias causas en juzgados por denuncias de formaciones que recibieron dinero para imprimir las boletas que no aparecieron nunca. Son partidos chicos cuyo negocio es la participación más que el triunfo en las elecciones. Sus dirigentes reciben el dinero para esos gastos que nadie después registra. En la instrucción de esas causas hay respuestas extravagantes como "imprimimos y pagamos las boletas, pero nos las robaron". Otro argentinismo: hay un partido que tiene un diputado nacional que es objeto de una investigación penal ya que lo denunciaron porque el partido tiene domicilio en la casa del diputado, el partido les paga, además, un alquiler y los aportes previsionales a él y a la esposa. La respuesta es que ésas fueron decisiones soberanas de la asamblea de ese partido que nadie puede discutir. Esta explotación viscosa de los recursos públicos ha generado en la última década una nueva especialización de los profesionales de ciencias económicas. Los partidos tienen sus recaudadores de fondos para buscar aportes, los auditores internos para manejar e informar de su uso ante la Justicia, pero también tienen, como muchas empresas, contadores expertos en defender al partido de la mirada del Estado. Es decir, disfrazar cifras, esconder circuitos de gastos, tapar el origen de recursos de campaña que pueden venir del dinero negro o de los fondos reservados de los gobiernos. Pero igual la máquina resiste -y cabe preguntarse hasta cuándo- porque en la Argentina lo más sólido es la paciencia del ciudadano frente a las extravagancias que crecen a medida en que se sube en la escala zoológica.



Del brote macrista de la última semana -maratón de reportajes, apariciones, charlas privadas y públicas por radio y TV- lo más notable es el aporte que hizo al relato de la crisis en el peronismo de Buenos Aires en la entrevista del domingo en Perfil: 1) nunca estuvo él cerca de un acuerdo con Sergio Massa; 2) nunca hubo una cumbre de él con el intendente y con Daniel Scioli; 3) nunca esperó que el gobernador diera un salto del kirchnerismo. "¿Nunca creyó que Scioli daría ese salto?", le preguntaron. "No. Porque lo conozco. Y respeto esa coherencia, que ha sido un valor muy importante en mi vida". "¿Por qué tanta leyenda entonces?". Respondió: "Había más un deseo de un montón de gente que quería terminar con el ciclo de prepotencia, autoritarismo, falta de espíritu democrático que ha tenido el kirchnerismo". Ese grupo lo identifica Macri con el rótulo de "el círculo rojo" a cuyos integrantes identifica así: "(Es) lo que llamo 'el círculo rojo'. Distintas personas del mundo del hacer, del pensar", que obviamente se niega a identificar, pero es presumible que se trata del grupo de asesores, amigos, familiares, periodistas y empresarios que rodea a todo mandatario.



• La firmeza antipejotista del Macri de la última semana es el otro aporte que hace a su estrategia: no va a participar, como Scioli, De la Sota y quizás Massa, de una interna del pejotismo, presume que en 2009 la liga con De Narváez y él le ganó a Kirchner, Scioli, Nacha Guevara y a Massa "con una propuesta que era cero peronista". Eso implica que ha abandonado su vieja estrategia de esperar a que un PJ desacreditado y sin candidatos presentables lo venga a buscar para ser candidato presidencial. Amaga con elegir un camino distinto y cree que 2015 es el final de un ciclo en donde se terminará el peso de las marcas partidarias.



El énfasis que los campañólogos de Macri le han dado a este relanzamiento se refuerza con otra marca: el distanciamiento de Massa, de quien dice que no es aliado, que no sabe si es oficialista u opositor y a quien le señala las malas compañías, como la de Alberto Fernández.



• En las repreguntas Macri tiene respuesta para todo. Si se le indica que no haber presentado listas propias en Buenos Aires es una disminución notable en sus ambiciones presidenciales, responde que no se presentaron porque no quisieron y que ubicaron a sus mejores hombres en el batallón del voto útil, que son las listas massistas. En ese espacio, presume que el PRO encabezó listas de concejales en 70 municipios, 60 de ellos del frente renovador de Massa y que sus candidatos ganaron 9 de las 10 internas en las que se enfrentaron con el massismo. Niegan que corran la misma suerte que la liga Carrió-Solanas, que tampoco pudo presentar listas pero que le metió a un Adrián Pérez en un puesto entrable de la lista de diputados. Falta que Massa responda a estas percepciones que lo ubican como un facilitador del éxito de los demás. Seguramente cree lo contrario.



Faltó en esas apariciones de Macri de la última semana alguna referencia a la suerte de su formación en el distrito en que es fuerte hace ya seis años, con dominio en elecciones ejecutivas y legislativas. Cree haber huido al destino de anteriores jefes de Gobierno, víctimas de la silla eléctrica de Bolívar 1, sin denuncias de corrupción y un nivel aceptable de apoyo a la gestión, algo que simboliza en la victoria en la batalla del Metrobús, que muchos -hasta propios- veían como un Waterloo y termina siendo aceptado por el público. Hablando en plata, además, cree que le gana por cansancio al Gobierno nacional peleas por los subtes -los aceptó como y cuando quiso- eludió casi un lustro de agresiones desde la Casa Rosada -"el enemigo acá al lado, a cien metros"- para terminar sacando las grandes obras con el apoyo del voto del peronismo kirchnerista en la Legislatura.



• También hablando en plata, no ve hoy en el horizonte a ningún candidato a jefe de Gobierno que en 2015 pueda vencer al trío que ha parado en la cancha para disputar su sucesión: Gabriela Michetti, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. Con cualquiera de ellos cree que le puede ganar a cualquier postulante que erija la oposición, fuera del carrió-solanismo, de la izquierda o del peronismo. De Rodríguez Larreta le divierte el crecimiento como figura merced a la imitación que hacen de él en la rutina de Jorge Lanata, algo que replica el golpe de popularidad que tuvo en 2009 Francisco de Narváez por la imitación en el programa de Marcelo Tinelli. "Antes lo tenía al lado en los actos en las escuelas y nadie reaccionaba. Ahora -se ríe Macri- le sonríen los chicos y las madres le vienen a pedir fotos por esa imitación".

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