23 de enero 2017 - 00:00

El proteccionismo puede resultar un tiro por la culata

Berlín y Washington - "Compre productos estadounidenses", reza el credo económico del nuevo presidente estadounidense, Donald Trump. "Durante muchos años hemos enriquecido a las industrias extranjeras en detrimento de la industria estadounidense", dijo durante su toma de posesión. "Debemos proteger nuestras fronteras de la devastación a la que nos someten otros países que fabrican nuestros productos y roban nuestras empresas".

¿Se trata sólo de retórica, o realmente pretende aislar económicamente EE.UU.? Y, en caso de que fuera así, ¿es realmente factible? A partir de ahora, ¿tendrán que renunciar los estadounidenses no sólo a comprarse un Mercedes, sino incluso un iPhone, ya que los smartphones sólo están "diseñados por Apple en California", pero la fabricación es china? 

¿Qué consecuencias podría tener en el marco de una economía mundial globalizada?

Hasta que no haya planes detallados, sólo se pueden aventurar opciones. En el escenario más extremo, se teme que Trump cierre en mayor o menor medida el mercado a productos extranjeros. Aunque hasta ahora, sólo concretó su intención de abandonar el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta) con Canadá y México. Además, declaró que combatirá "por todos los medios" las violaciones de los acuerdos comerciales cometidas por otros países. 

¿Cómo justifica Trump su lucha por nuevas regulaciones?

Según argumenta, los estadounidenses aceptaron durante demasiado tiempo acuerdos comerciales que pasaban por alto los intereses de sus trabajadores. "Como resultado, las ciudades obreras tuvieron que ver cómo sus fábricas cerraban y los empleos bien remunerados emigraban a otros continentes mientras los estadounidenses se enfrentaban a un creciente déficit comercial y un emplazamiento de la producción desolador", se lee en la nueva web de la Casa Blanca.  

¿Es realmente tan grave la situación económica de EE.UU.?

No. Al fin y al cabo, estamos hablando de la primera potencia económica mundial. Con sus más de 320 millones de habitantes, Estados Unidos tiene un rendimiento económico de más de 18 billones de dólares, muy por delante del número dos, China, con una población cuatro veces mayor. Además, en el mercado mundial también juega en la liga de campeones: se sitúa en el segundo puesto de los países líderes exportadores detrás de China. ¿Dónde está el problema?

Desde comienzos de los 90, especialmente el déficit en el comercio de bienes de consumo -desde la ropa hasta los juguetes o televisores- aumentó enormemente. Según explican los economistas, se debe a que la fabricación de este tipo de productos dejó de resultar competitiva. Además, con la integración de China, India, etc. en la economía mundial, muchos procesos de producción se trasladaron al extranjero. 

¿Sería bueno que EE.UU. redujera sus importaciones?

Sólo a primera vista. El consejo comercial chino-estadounidense USCBC argumenta que las relaciones comerciales con China garantizan hoy 2,6 millones de empleos en EE.UU., incluidos los que las empresas chinas crearon allí. 

¿Qué dicen los economistas sobre la imposición de barreras a las importaciones?

La idea de proteger la economía patria a través de barreras a las importaciones es, según los expertos de la fundación Bertelsmann, uno de los "macro-mitos" de la economía. Parecen mejorar la economía en el país en cuestión, pero "en realidad esta limitación del comercio internacional debilita el crecimiento y el empleo en todas las economías afectadas por las barreras".  

¿Qué ocurriría?

Seguramente generaría represalias para las exportaciones. A largo plazo, podría desembocar en un problema mucho mayor: si decae la presión ejercida por empresas extranjeras, también cede el interés por mejorar la competitividad, señalan en Bertelsmann.

Agencia DPA

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