21 de julio 2010 - 00:00

El riesgo de no pertenecer

Bruselas - Hungría protagoniza estos días un juego de riesgo con la Unión Europea y el Fondo Monetario en el que lleva las de perder. La prueba de fuerza política se ha convertido en un «test de estrés» para toda Europa, y por el momento el euro y la UE lo han pasado con buena nota. Después de que el Gobierno nacional -conservador- húngaro se negara a seguir con los recortes, el FMI y la UE congelaron el próximo pago de los fondos del paquete de rescate. Con ello, Hungría se quedó sin red de seguridad.

Los mercados dieron su visto bueno y el euro permaneció estable cercano a su nivel más alto en tres meses, de 1,30 dólar. Pese a la crisis por el endeudamiento en Europa, los inversores mantuvieron la sangre fría. «Ha vuelto la confianza en los políticos de Europa», analizó Daniel Gros, director del Centro de Estudios de Política Europea.

Se trata sobre todo de una señal que va dirigida también a Grecia, en vista de que para sanear las economías altamente endeudadas del sur de Europa es necesario que no se abandonen demasiado rápido los planes de ahorro.

Tras la indignación inicial por la actitud de Hungría, cuyo comportamiento fue muy criticado en círculos diplomáticos, en Bruselas casi hay alivio. «Hemos mostrado la tarjeta roja. Ningún gobierno nos volverá a tomar el pelo», dice un diplomático europeo. Pero también Hungría se mantiene firme, y el primer ministro, Viktor Orban, subrayó ayer que cumplirá con el compromiso de bajar el déficit pero será el Gobierno el que decida cómo conseguirlo. En vez de más ahorros, aboga por un impuesto bancario.

La UE aprovechó el caso «menor» de Hungría para mostrar que no cede. Porque Hungría no es Grecia. Aunque es miembro de la UE, no lo es del euro, y por tanto tampoco del sistema financiero y monetario común que podría hundir la divisa. La deuda húngara es además muy inferior a la griega. «De ser necesario se podría dejar caer a Hungría», opina Gros.

Bruselas está sopesando aplicar al país las sanciones recientemente aprobadas contra los países con déficit y, por ejemplo, podría vetarse su acceso a los fondos regionales. «Debemos afilar nuestros dientes», reitera cada tanto el comisario de Asuntos Monetarios, Olli Rehn. El lema es «nunca más otra Grecia». Durante demasiado tiempo las instituciones europeas miraron para otra parte mientras Atenas se deslizaba hacia el desastre financiero con años de datos falseados, mala gestión, reformas pospuestas y corrupción. El país -y el euro- sobrevivió a la bancarrota sólo gracias al paquete de 110.000 millones de euros que se le concedió en mayo.

La UE ha puesto ahora a Grecia bajo vigilancia y mantiene cortas las riendas. Atenas tiene que implementar estos días la polémica reforma del sistema social, pero con apoyo de la UE y Washington.

Por otro lado, ahora parece una buena decisión haber incluido en los paquetes de ayuda al FMI, quien no tiene consideraciones políticas o intereses nacionales, sólo cuentan las frías cifras. El caso de Hungría ha demostrado que los mercados están tranquilos y hay esperanza de que la crisis de la deuda se supere y no haya más enfermos que Grecia.

A la vez, la UE envía un claro mensaje: vale la pena ahorrar
. El pequeño país báltico Estonia, con su estricta política de ahorro, acaba de recibir luz verde para entrar en el euro a principios de 2011. Por el contrario, el ingreso de Hungría, pensado para 2014/15, ha dejado de tener prioridad.

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