8 de mayo 2017 - 00:00

El Trump rally no afloja

Los commodities cayeron a pique, pero las acciones cambiaron de combustible para no detener su marcha. La economía también colabora, pese a la pausa transitoria del primer trimestre.

El S&P500 estampó un nuevo récord absoluto. Lo mismo el NASDAQ, que ya lo hizo costumbre semanal. Si el presidente Trump es egoísta, el Trump rally no lo es. Abre el juego, es participativo, no se encierra sobre sí mismo.

Desde que comenzó el año, las Bolsas de la eurozona, los emergentes y Japón trepan más que Wall Street, y su vigor diferencial no se detiene. El viernes un lote variado de ETFs cerró en los máximos históricos (medidos en dólares): son fondos que replican la marcha de las compañías líderes de Irlanda, Suiza, Holanda, Alemania, Suecia y la Argentina. No extraña, pues, que el índice FTSE All World, una proxy de la Bolsa global, también cotice en alturas récord. La fatiga de poco tiempo atrás se esfumó aunque subsisten dolores de cabeza. Los commodities, el caso más notorio, cayeron a pique, liderados por el derrumbe del petróleo, el hierro y otros metales. ¿Quién no recuerda cuando la Bolsa y el crudo se movían en tándem, y no había espacio para una mínima separación en sus desempeños? Cambió el combustible de las acciones. El Trump rally se alimenta hoy de energías increíblemente renovables.

¿Es una burbuja? Que conteste el Nobel en la materia, Robert Shiller. Las valuaciones son altas, seguro. Pero que pueden mantenerse así, o conquistar aún más terreno, no debe descartarse. Su métrica favorita, el ratio secular precio/ganancias, arroja hoy la misma lectura que en 1988: 30 veces las utilidades promedio de los últimos 10 años. ¿Es una señal ominosa? La Bolsa, que no estaba nada barata en 1988, se encareció más y más, año tras año, hasta despeñarse recién en 2000 (tras alcanzar un ratio de 45). ¿Burbujea? En principio, no reina la euforia, que es el sello distintivo de la efervescencia.

La cautela no ha hecho mutis por el foro. Esta semana, el ETF más usado para seguirle los pasos al S&P 500 sufrió la mayor salida de recursos desde que Trump ganó la elección. La prudencia de los inversores al desensillar facilita la imprudencia persistente del rally (y, en ese sentido, presta un servicio valioso para la comunidad).

El Efecto Duracell se explica también por una razón de fundamentos. Como se dijo con suficiente antelación, la rentabilidad empresarial se puso las pilas. Las ganancias por acción del S&P500 crecieron al 13,5% interanual en el primer trimestre, en función de los balances publicados (el 83%). Las proyecciones de utilidades e ingresos fueron superadas con holgura; todos los sectores -a excepción de los servicios de telecomunicaciones- registraron avances, y si se toman las ganancias esperadas para los próximos 12 meses, el ratio resultante -17,5- no peca de gran desmesura, y menos con el horizonte constructivo que predican las empresas cuando les toca explicar los números de sus negocios.

La economía también colabora. La debilidad del avance del PBI en el primer trimestre fue una pausa transitoria, y el informe de empleo de abril confirmó su fin. El mercado laboral volvió por sus fueros, creó 211 mil puestos netos de trabajo, y la tasa de desocupación se hundió a su nivel más bajo de los últimos diez años, un 4,4%. La Fed habla muy en serio cuando promete la cuarta suba de tasas el 14 de junio. En otro momento, ese destino inexorable sería una pesada espada de Damocles sobre la testa del rally. Máxime cuando se recuerda la acidez de las (penúltimas) minutas: allí varios miembros de la Fed expresaron resquemores por las cotizaciones de la Bolsa, que hoy son todavía más encumbradas. Sin embargo, Wall Street hace gala de una coraza impenetrable. ¿Será tan así? Un viejo conocido del país, Paul Singer, sobrevuela el terreno con sumo interés. Y con 5 mil millones de dólares frescos a disposición. Son para picotear rápido, les prometió en carta a sus accionistas que respondieron en apenas 24 horas con su generoso aporte. Servirán para sacar provecho, les dijo, de un inminente deterioro en la confianza de los inversores. ¿El famoso "Sell in May"? Esa parece la idea. ¿Pero para qué el efectivo en mano? Para comprar cuando la agachada conceda la oportunidad. La última palabra, se diría, es el "buy the dip".

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