27 de enero 2015 - 00:00

El último rebelde

El último rebelde
 Se fue agradeciendo incluso a aquellos que no lo trataron bien. Juan Román Riquelme mostró su inteligencia y su calidad humana en su despedida, la de uno de los más grandes jugadores de los últimos 20 años y de los personajes más polémicos de ese mismo período. De cuna muy humilde, que nunca olvidó, y con un sentido de liderazgo que generaba amores y odios, casi en la misma proporción. Un crack del fútbol que nunca traicionó sus ideales y que siempre "en las buenas" agradeció a sus compañeros, dijo que había sido muy feliz dentro de una cancha y se notaba en su forma de jugar, a pesar de su gesto adusto, que lo acompañó toda su carrera.

Gran amigo de sus amigos, capaz de gestos increíbles con ellos, también supo ser enemigo de sus enemigos y nunca pactó con una barra brava, tanto que en el gol 200 de Palermo (donde puso un pase maravilloso, renunciando a hacer el gol él) se negó a festejar con "la doce" donde lo quería llevar Martín. Fue formado futbolística y humanamente por José Pekerman, a quien le agradeció especialmente porque lo aconsejó desde los 14 años. El profesor Gerardo Salorio contó en este diario una anécdota que lo pinta de cuerpo entero: "Me informaron que había un chico en la novena que era un crack, pero no se alimentaba bien porque era de una familia humilde y numerosa, y entonces le conseguí que almorzara y merendara en la pensión, pero a los dos días, cuando a fui a preguntar, me dijeron que no se había presentado. Lo encaré y me dijo: 'Mire, yo tengo seis hermanos que no comen bien; si ellos no comen, yo tampoco'. Y entonces le conseguí viandas para sus hermanos. Ése era y es Riquelme".

Admirado por Zinedine Zidane y por Andrés Iniesta, entre otros, fue el enganche por excelencia. Ese jugador que tiene toda la cancha en la cabeza y sabe esperar las décimas de segundo necesarias para poner un pase entre líneas. De la estirpe de Rojitas, Bochini, Valderrama, Zidane esos jugadores que transpiraban fútbol y que hacían correr la pelota, en lugar de correr ellos. Dijo que Van Gaal (uno de los que lo maltrataron) le decía: "Cuando tenemos la pelota usted es el mejor, pero cuando la perdemos jugamos con uno menos". Pero eso no le hizo cambiar su forma de jugar. Le costó irse de Barcelona, pero en Villarreal demostró que era tan grande que podía llevar a las semifinales de la Champions League a un equipo tan pequeño como el valenciano, aunque en esa instancia erró un penal decisivo, demostrando que era humano.

Se fue Riquelme, y el fútbol argentino no será el mismo. Los hinchas de Boca lo disfrutaron por muchos años y terminó donde se formó, en Argentinos Juniors, ascendiéndolo a Primera, con mucho esfuerzo. El fútbol está triste, aunque algunos respirarán aliviados, porque ya no tendrán temor a un oportuno "topo Gigio".

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