“Elías”, sin mayor entusiasmo coral

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"Elías", oratorio en dos partes de Felix Mendelssohn sobre textos del Antiguo Testamento. Solistas: M. Pavón, M. L. Merino Ronda, C. Ullán, H. Iturralde. Coro Estable del Teatro Argentino (director: H. Sánchez Arteaga). Orquesta Estable del Teatro Argentino. Dirección: C. Vieu. (Teatro Argentino de La Plata, 11 de marzo).

Luego del esperado anuncio de la programación del año y del plan de infraestrucuta que buscará sacarlo de su deterioro material, el Teatro Argentino de La Plata comenzó el viernes pasado su temporada artística con un concierto sinfónico-coral monumental por la envergadura de la obra elegida: el oratorio "Elías", con el que Felix Mendelssohn enriqueció y continuó la tradición de Bach, HTMndel, Haydn y otros, cuyas partituras conocía a la perfección.

Las enormes dificultades de este oratorio y el escaso tiempo de preparación podrían resultar "atenuantes" en la evaluación de los resultados. Pero, tratándose de cuerpos artísticos y solistas del más alto nivel profesional, no siempre resultan comprensibles algunos hechos innegables, como la ausencia casi total de clima, de emoción, de compromiso interpretativo, de planos dinámicos. El Coro Estable del Argentino ofreció momentos bellos, en especial en las escenas más grandilocuentes, pero la apatía, el desgano y la desconexión respecto de lo que estaba sucediendo fueron evidentes en muchos de los rostros de sus integrantes, y su rango fue casi sin excepción del "forte" al "fortissimo". Sí tuvo, a las órdenes de Carlos Vieu, más fortuna la Orquesta Estable, pero su desempeño tampoco llegó más allá de lo correcto.

Las partes solistas fueron acotadas a un cuarteto principal (con la suma de tres miembros de los coros estables para intervenciones puntuales, y otras a cargo del coro). Sorteando dificultades con la zona aguda, Hernán Iturralde dio vida a Elías con perfecta dicción y autoridad. Estupenda fue la actuación del tenor Carlos Ullán (quien reemplazó a último momento a Darío Leoncini), expresivo en sus líneas y siempre conectado con la obra. La soprano Marisú Pavón impuso a su canto una afectación y un sonido que conspiraron contra sus múltiples virtudes (en especial su afinación se resintió), mientras que la mezzo María Luisa Merino Ronda cumplió con una labor discreta.

Aunque, como se ha dicho más arriba, es difícil evaluar los resultados en circunstancias tan difíciles como las que atraviesa la casa lírica platense, es posible preguntarse si (en líneas generales) llegará alguna vez el día en el que los diferentes actores de la vida musical local dejen de conformarse con la mera ejecución, más o menos correcta, de las obras, sin preocuparse por todo lo que la música dice más allá de las notas.

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