23 de noviembre 2010 - 00:00

Emboscada: Scioli, jefe espiritual del PJ para arrinconar a Moyano

Hugo Moyano
Hugo Moyano
«Si Cristina va al PJ nacional, ¿por qué Daniel no puede ir al PJ bonaerense?». De pregunta, la frase sólo tiene el formato. En lo formal, es una afirmación que sirve -además- como argumento del plan que, en estas horas, circula en el peronismo de la provincia.

Es, como se acostumbra en esos dominios, simple y brutal: ubicar al gobernador como «jefe espiritual» del PJ bonaerense, emulación de lo que se pretende hacer, sin que todavía haya una respuesta por parte de la Presidente, con Cristina de Kirchner en el PJ nacional.

La aventura ancla en otro elemento común. Los dos partidos quedaron, en el último año, sin sus presidentes por razones de «fuerza mayor». En un caso, por la muerte del patagónico. En el otro, por el ACV que postró al vicegobernador Alberto Balestrini.

Orígenes

La similitud invocada tiene, sin embargo, un origen diferente. Mientras a la Presidente le proponen asumir la jefatura para que oficie de ordenadora y se sienta contenida -y encorsetada- por el partido, a Scioli lo buscan para desplazar a Hugo Moyano.

El camionero facilitó, sin saberlo, esa emboscada: lo hizo al buscar el amparo del gobernador, en una cita reservada el lunes pasado, en la que le pidió a Scioli que lo escolte en la reunión partidaria y aceptó que ésta se mudara a la sede de la gobernación.

Harto de los desplantes, indocto en los protocolos de la convivencia peronista, Moyano creyó que abrazarse a Scioli le permitía una supervivencia barata. Error: apenas asumió, al pedir cobertura, su fragilidad en el partido regó la semilla de la conspiración.

Tardó unas horas en brotar y pocos días en expandirse como yerba brava. Antes del fin de semana, el montaje tenía esquema, operadores y mecánica. Un dato, que en teoría brotó en tribunales, pero fue difundido, boca a boca, entre caciques, aportó el elemento definitivo.

Complicaciones

La versión, susurrada, habla de un fin de año más que complicado para el camionero en referencia a sus causas judiciales. De tal dificultad, que la onda expansiva de ese supuesto hecho tronaría en Casa Rosada y su efecto sobre el PJ bonaerense sería anecdótico.

«Si ocurre, sería un gran problema», dicen en el PJ y parecen, por un momento, no especular con los tropiezos del camionero, a quien, en el último tiempo, se le animaron, críticamente, con matices, muchos dirigentes bonaerenses.

El plan Scioli-jefe-del-PJ tiene, además, un fundamento reciente: el gobernador, unos pocos días después de que Moyano necesitó recurrir a la trasmutación corporal de consejeros para «completar» el quórum de 25, consiguió que casi 100 intendentes asistan a una cita convocada por él.

Lo hizo, el gobernador, invocando la memoria de Néstor Kirchner pero hubo, en esa concurrencia masiva, un mensaje subterráneo con remitente directo para el camionero respecto de que los modos, en el mundo ríspido del peronismo, tienen una lógica casi ancestral.

Cuando Moyano entendió eso, y sobreactuó una moderación, completó el círculo de la conjura. Ante Scioli, el camionero habló de que no quería ser un elemento de conflicto, que él no tenía intención de pelearse con nadie. «Yo quiero ayudar; no quiero peleas», dijo, desconocido.

Aportó el componente que faltaba. Al confesar su vulnerabilidad, el camionero invitó a que sus rivales programen la embestida definitiva. ¿Se animará, el camionero, a oponerse a que Scioli se incorpore como miembro «especial» al Consejo del partido?

A simple vista, parece difícil que se atreva a rechazar esa propuesta porque sería como una declaración de guerra. En tanto, aceptar que el gobernador se siente, cada mes, en la cabecera implicará, como mínimo, compartir la jefatura del peronismo.

La emboscada está servida. Y podría consumarse el 6 de diciembre cuando, para despedir el año, los consejeros desfilen por la gobernación de La Plata. La contraofensiva de Moyano todavía está en laboratorio.

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