22 de julio 2011 - 00:00

Empresarios ante encrucijada de mercados

Empresarios ante encrucijada de mercados
Con una demanda muy firme, internacional pero más aún local, debido a los comparativamente buenos precios de granos y carne, pero también a las dudas e inestabilidad que pesa sobre otro tipo de inversiones, el sector de la maquinaria agrícola enfrenta un panorama muy promisorio, aunque podría no aprovecharlo. Es que hay condicionantes internos que ensombrecen las posibilidades al punto que, a pesar de algunos informes voluntaristas, hay temor de no lograr abastecer al mercado interno, y hasta podría costar alcanzar los u$s 260 millones en exportaciones del año pasado.

El caso es que la capacidad instalada de la industria de maquinaria está prácticamente en su techo, con el agravante de las restricciones impuestas a las importaciones, que en un principio fueron «bien vistas» por algunos que creían que así disminuía la «competencia», pero que luego se dieron cuenta de que también les faltaban cantidad de insumos para su propia producción. Así, el recorte de los ingresos externos está limitando la oferta total doblemente, por la caída de ingreso de equipos, pero también por la producción interna, ahora resentida por faltante de varios insumos, algunos de ellos clave como motores, correas, transmisiones, etcétera.

Debate

En ese contexto, con ventas internas comprometidas, en más de un caso, hasta los primeros meses del año próximo, muchas empresas se debaten entre cumplir con sus clientes del exterior (que tanto esfuerzo costo conseguir), o con la fortalecida demanda interna que cada vez pone mayor presión.

Pero la falta de insumos a partir de las restricciones a las licencias no automáticas de importación, no es el único problema que enfrentan los jaqueados industriales locales.

Es que como la insalvable pregunta sobre: «¿Qué es primero, el huevo o la gallina?». Así también los industriales enfrentan el dilema de necesitar imperiosamente hacer inversiones para ampliar la infraestructura productiva ante la mayor demanda y la exportación, para lo cual necesitan financiación (que también es restringida) y, especialmente, estabilidad en las reglas de juego.

De hecho, algunos asignan a esta causa el hecho de que las mayores inversiones de las grandes fábricas mundiales se hayan hecho en los últimos años en Brasil en lugar de la Argentina, y no sólo por la mayor escala que ofrece el principal socio del Mercosur sino, más vale, por la continuidad de las políticas impuestas en el país vecino que lo convirtieron, en muy pocos años, en una potencia alimentaria mundial, que mantiene su tendencia creciente.

También las mayores complicaciones por el lado de la mano de obra y las crecientes exigencias de calificación en esta materia, forman parte del combo que altera los nervios de la industria, aunque el tema que más pone en alerta al sector viene por el lado de las limitaciones en materia energética, clave para poder producir. «Ante los problemas eléctricos, la mayoría cuenta con grupos electrógenos, pero ahora también falta combustible», confiesan, casi resignados, algunos empresarios.

Panorama gris

Por el lado impositivo también el panorama es gris. Alrededor de 6 meses, para materializar los bonos del 14% que tiene esta industria, y unos $ 200-250 millones de IVA técnicos adeudados, que se suman para acotar más las posibilidades financieras del sector.

Con este escenario, los empresarios «están en la gatera», a la espera de que comiencen a corregirse algunos de los principales problemas y se remuevan las restricciones más gruesas, que pesan sobre el sector de bienes de capital más importante que hoy tiene el país, tal el caso de la limitación a las licencias no automáticas que fue una medida no totalmente pensada ya que, no sólo provocó una distorsión del comercio y el reclamo de varios países, sino que también trajo una serie de problemas colaterales y la limitación de la capacidad de desarrollo y, por ende, de oferta.

Y esto, está teniendo además consecuencias en las economías de algunas provincias, especialmente Santa Fe y Córdoba, que cuentan con el 48% y el 25% de la capacidad productiva de la industria de maquinaria agrícola argentina.

Las derivaciones son casi infinitas. Es que si bien cuando se habla de «maquinaria», se piensa básicamente en tractores y cosechadoras, la realidad es que el sector encaró desde los 90 una gran diversificación con sembradoras, desmalezadoras, pulverizadoras, rastras, enrolladoras de pasto, acoplados, etc. Y también con la estratégica línea de labranza cero, siembra directa y de precisión, en la que la Argentina es líder mundial.

A su vez, la cada vez más alta y sofisticada tecnología que se utiliza en estos equipos dotados de robótica, técnicas satelitales, GPS, memorias computarizadas, etc., impone la incorporación de personal cada vez más capacitado, y coloca al sector entre los de producción de mayor valor agregado, pero también, entre los más exigidos.

Lo concreto es que la industria nacional todavía cubre sólo un 15% al 20% de la demanda total interna y, además, debe mantener otro 20% de reaseguro en la exportación, y no llega todavía a las producciones de 2002. Ante esto, y las demoras impuestas ahora a la importación, no extraña entonces que se prevea un panorama complicado en los próximos meses, en los que incluso puede caer la actividad, con la consecuencia de no llegarse a abastecer la demanda del propio mercado interno y tampoco, cumplirse con todos los compromisos de exportación.

Dejá tu comentario