15 de agosto 2012 - 00:00

En la Argentina, clientes, casi nunca satisfechos

La caída de Groupon a nivel internacional tiene su correlato en la Argentina. Quien lo haya usado alguna vez sabe que hay pichinchas y hay engañapichangas en sus coloridas páginas de ofertas y descuentos. Esto ha provocado que los usuarios argentinos no crezcan en número y tampoco en dinero gastado a través de este sitio web.

Lo primero que salta a la vista en una rápida revisión de sus «ofertas» es que muchos de los precios de lista publicados están escandalosamente inflados en relación con el verdadero precio de mercado. Así, descuentos del 70% que se ofrecen en la página son descuentos, sí, pero de un monto muy inferior. Puede aducirse que las grandes cadenas de supermercados hacen algo parecido con las «promociones» que lanzan determinados días de la semana en combinación con bancos y marcas de tarjetas de crédito, y probablemente sea cierto. Sin embargo, los márgenes de las grandes cadenas son muy inferiores a los de -por caso- los restoranes, las casas de blanco, las peluquerías de dama, los talleres de alineación y balanceo de ruedas y otros rubros igual de populares en Groupon.

Los caballeros que echaron mano a la oferta de «zapatos de vestir italianos» a un valor bastante inferior al que se compra un buen par nacional comprobaron al tener el calzado en la mano que no estaban forrados, la suela era sintética (y no de cuero) y el pegado (no el cosido) de sus partes era elemental.

Y ese es el gran problema de la mercadería comprada en Groupon en la Argentina: la imposibilidad de verificar la calidad del producto hasta que ya se lo compró y se lo fue a buscar al minorista que lo vende. Para entonces el pago con tarjeta (crédito o débito) ya está hecho, y el trámite de devolución es un engorro. Además, una vez retirada la mercadería del comercio no hay más derecho a reclamo o devolución. Quien fue engañado una vez, seguramente no repite la experiencia.

En el caso de las damas, ya es vox populi que los servicios de peluquería y depilación no son ni de cerca los mismos que se brindan cuando se paga «precio completo». Las chicas aseguran que «el alisado no te da resultado» y que se utilizan productos de segundas marcas para teñidos y otros tratamientos.

El tema de los restoranes también es complicado: la obligación de hacer reserva previa y «avisar» que se va a pagar con un cupón de descuento provoca no pocos rechazos. Tampoco la mercadería que se ofrece es la misma que cuando se paga «full price». Y algunos se encontraron que las 30 piezas de sushi que -según Groupon- costaban $ 250, en el menú del restó cotizaban a $ 150.

Éstos y otros factores, como la caída en el consumo, hicieron que Groupon y los competidores que tiene a nivel local hayan al menos detenido su crecimiento. Tampoco contribuyó su reciente incursión en el terreno de los viajes y el turismo, donde desencadenó una verdadera guerra con las agencias, tanto las virtuales como las «reales».

Sergio Dattilo

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