8 de junio 2009 - 00:00

En OIT, Cristina aleja a Chávez y somete a Moyano

Cristina de Kirchner, Hugo chávez, Jorge Taiana
Cristina de Kirchner, Hugo chávez, Jorge Taiana
Duro oficio el de Hugo Moyano: volar 15 horas, agobiado por su fobia a los aviones, para desembarcar en Suiza, para la cumbre de OIT, con el único propósito de ser el comisario que garantice que las voces de la CGT no se aparten, ni un instante, del libreto K.

El sábado, Moyano se trepará a la comitiva presidencial, detrás de Cristina de Kirchner, rumbo a Ginebra. Doble debut: en OIT y en viajes transoceánicos. Mínimo millaje -contrariamente a la Presidente- el camionero que, se sobrentiende, prefiere las ruedas a las alas.

Vía Suiza, en un movimiento eslabonado, la Presidente buscará mostrar un frente uniforme sobre el impacto de la crisis en la Argentina -aunque con la disidencia de la CTA, volcada cada vez más a un juego anti-K- y, en paralelo, tomará distancia del venezolano Hugo Chávez.

Para lo primero, lleva a Moyano. Hace una semana, en Suiza se instaló una comitiva gremial, entre ellos Gerardo Martínez (UOCRA), Andrés Rodríguez (UPCN) y el moyanista Juan Carlos Schmid (Dragado), que expondrá la mirada del sindicalismo argentino.

Sería un mal trago para Cristina si antes de pontificar sobre el «milagro» argentino que «soporta» la crisis internacional sin impactos profundos, a los voceros obreros se les ocurre decir lo que confiesan en privado: que la actividad se derrumbó, en algunos rubros, más del 50%.

Moyano, como parte de la comitiva presidencial y no como invitado especial por la CGT -la central con más afiliados de latinoamérica-, aporta la garantía. No debería tener problemas. Salvo con Omar Suárez, a veces un indomable por el jet lag. ¿Por eso lo apodan «Caballo»?

Cada uno, en la película, cumple un rol y logra su beneficio. Moyano estará en la OIT cuando, por primera vez en los últimos 10 años, ese organismo no descargue sobre el Gobierno argentino, y sobre la CGT, una andanada de críticas por la falta de libertad sindical.

La Presidente también festeja ese hecho. Esta vez, no habrá ninguna referencia. Es más; la OIT invitó, especialmente, a De Kirchner y a Lula da Silva porque ambos presidentes pidieron que el organismo sea incorporado al G-20.

Como gesto recíproco, la OIT dejó fuera de la agenda el expediente de libertad sindical que lleva, hace tiempo, la CTA y que en 2008 estuvo particularmente activo luego del fallo de la Corte que autorizó la elección de delegados sin que tributen al gremio de la actividad.

Fronteras adentro, el asunto está en ebullición. Un detalle: días atrás, a la UOCRA le quisieron crear un gremio paralelo en la construcción. Es acotado pero, como antecedente, pone a todos los jerarcas sindicales en alerta porque el fenómeno puede extenderse.

Menos fortuna, en ese rubro, tendrá Hugo Chávez. La OIT, como parte de la compensaciones internas entre democristianos y socialdemócratas -las dos grandes divisiones «ideológicas» del sindicalismo internacional- agenda un castigo contra su Gobierno.

A Chávez lo sancionarán por un tema que obviarán en el caso argentino: la libertad sindical. Aunque, claro, con otro criterio: hablarán de persecución y de direccionismo desde el Estado que impiden el «libre desempeño» de la actividad.

Ninguna pieza es azarosa. El castigo a Chávez es el «vuelto» por la sanción, en 2008, al colombiano Álvaro Uribe, por algo más grave: el crimen, sistemático, de sindicalistas por parte de los carteles de la droga. Cuestiones de equilibrio: primero Uribe, ahora Chávez.

Pero no será la única mención al bolivariano. Daniel Funes de la Rioja, el abogado de la UIA, hace días presiona para incluir alguna mención sobre la nacionalización de empresas por parte de Chávez, tema que podría estallar en la cara a Cristina de Kirchner.

Por lo pronto, la Presidente -que se hará escoltar por el canciller Jorge Taiana y el ministro de Trabajo, Carlos Tomada- tiene decidido abordar esos temas sólo si hay una mención, expresa, a la Argentina. «Que Chávez se defienda solo», aclaran.

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