14 de mayo 2015 - 00:17

Entre bajas y rebeldías, suenan artificios por modelo electoral K

• SE BAJÓ CASTAGNETO.
• SIGUEN LOS EVITISTAS, BERNI Y EL SCIOLISTA MONTOYA.
• OTROS YA SE HABÍAN POSTULADO PARA SER VICES.

Diego Bossio
Diego Bossio
- Cristina no la vengo a consultar, es una decisión que yo ya tomé.

Al dejar caer la frase, Diego Bossio dinamitó el último puente que lo ligaba a su candidatura a gobernador. Cristina de Kirchner lo había citado a Olivos, el lunes al mediodía, con menú de gestión, pero el CEO de la ANSES la desacomodó con un speach sobre la crisis bonaerense y le anunció su baja de la porfía para suceder a Daniel Scioli.

Cristina ensayó argumentos para que Bossio desista. "No lo dije por vos", aclaró sobre el "baño de humildad" que pidió en el Chaco y lo mandó a meditar unos días. Pero Bossio, con una osadía para muchos impensada, dijo que no. Quizá esperaba una reacción más convincente de Cristina y de su hijo Máximo, ahí presente, una especie de guiño sobre una bendición futura que, claro está, nunca llegó.

- Yo siempre sentí todo su apoyo y el de Máximo -dijo Bossio al final-, antes de prometer que enviaría la carta de retirada que, ok presidencial mediante, publicitaría su deserción. Ese párrafo es sugerente: Bossio, por segmento de edad y perfil, el candidato más parecido a La Cámpora de la docena del FpV bonaerense, no le agradeció a los "soldados" de Cristina.

En paralelo, la bajada de Aníbal Fernández inyectó, como en los demás anotados, una dosis de inquietud: el lanzamiento del jefe de Gabinete, un ministro con centralidad, pantalla y volumen político, fue leído como un descontento de Cristina sobre la oferta bonaerense.

- Para vos ¿quién es el mejor candidato para la provincia? -lo midió Cristina.

-Randazzo... -masculló Bossio.

La jugada de Bossio apuró otros retiros. El martes, Carlos Castagneto estiró la medianoche en una charla con Alicia Kirchner y antes del té de la ministra, el platense exarquero de Gimnasia terminó de metabolizar la decisión de bajarse. Espera turno, ahora, en el bolillero de los diputados nacionales.

Sergio Berni, alter ego de Bossio en la campaña, gruñó en silencio cuando se enteró por la prensa de la deserción de su socio. Está, desde ese instante, a la espera de un llamado de Olivos. No es el único: la regencia del Movimiento Evita, personificada en Emilio Pérsico y Fernando "Chino" Navarro, están expectantes. Las postulaciones de Jorge Taiana en la presidencial y la de Navarro, en la gobernación seguían anoche en pie. "Están a disposición de lo que diga Cristina" mandó a avisar Pérsico. "De ningún modo van a ser candidatos en contra de la voluntad de Cristina", despejó dudas.

En el Evita armaron un INDEC feroz: el 100% de los que le ofrecieron a Cristina bajarse, se lo aceptó. Ante esa semicerteza, demorarán el instante de sacrificar sus candidaturas en el altar K.

Otro que eligió la espera es Santiago Montoya, el único sciolista "hard" del pelotón bonaerense. El vice del Grupo Bapro reporta a Scioli y dejará a criterio del gobernador si sigue o no en carrera. Lo precede el temerario antecedente de lo que ocurrió con Gustavo Marangoni en el cierre porteño.

Juan Patricio Mussi se dedicó ayer a decir que no se bajaba, pero hace una semana, como Gabriel Mariotto, se ofreció para ser vice: el de Berazategui iría como senador provincial; el vice quizá tenga que amigarse con Montevideo por el Parlasur. Julián Domínguez, como Scioli, no se da por aludido.

Enjuagues

"Si no baja Randazzo, Aníbal es el candidato"
interpretó, anoche, un dirigente K y regó uno de los artificios que suenan desde la bajada de Bossio: que Randazzo, por orden de Cristina, baje a la provincia. El scrum chivilcoyano lo negó más veces que el bíblico Pedro y acusó al sciolismo de ser vocero de ese enjuague. "Scioli tiene miedo y quiere una sola lista", dicen los randazzistas. "A Daniel le sirve ganarle a alguien: el 'Flaco' es ese alguien ideal", torea un naranja.

En medio de los movimientos, mientras algunos validan que Cristina se haya puesto al frente de la "jugada electoral", un peronista de enlaces múltiples redactó, por ahora anónimamente, un graffiti imaginario: "Después de 12 años de Gobierno, Cristina le entrega la presidencia al menemismo y la gobernación al duhaldismo".

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