1 de diciembre 2011 - 00:00

Entre Dilma y Chávez, Cristina visita una Caracas “desarmada”

Hugo Chávez
Hugo Chávez
Hugo Chávez agasajó con un decreto inusual a los presidentes que desde hoy aterrizarán en Caracas: el martes pasado, dictó una rigurosa prohibición de «portar armas» para garantizar la seguridad de la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

El viernes, primer día del encuentro, será feriado excepcional para los empleados estatales y los estudiantes. Y la capital venezolana, con récord continentales de inseguridad, condimentará su habitual colapso de tránsito con un fenomenal despliegue de uniformados.

A esa ciudad llegó, anoche, Cristina de Kirchner escoltada por una comitiva profusa y diversa: su canciller Héctor Timerman, la ministra de Producción Débora Giorgi, los gobernadores José Luis Gioja y José Alperovich y los dirigentes Edgardo Depetri, Fernando «Chino» Navarro y el neocamporista Andrés «Cuervo» Larroque, pasajeros vip de un vuelo donde quizá trasciendan las pistas sobre el gabinete que la Presidente insiste (al menos en tierra) en mantener encapsuladas.

El malón técnico lo encabezaron Luis María Kreckler, secretario de Comercio de la Cancillería, -y embajador designado en Brasil- y Diego Tettamanti, subsecretario de Política Latinoamericana.

La presidente anticipó -inicialmente se habló de que viajaría el jueves- su llegada a Caracas para desarrollar desde hoy a mediamañana una recargada agenda bilateral junto a Hugo Chávez que la espera a las 10 AM en el Palacio de Miraflores para las fotos de rigor.

Luego Chávez y Cristina de Kirchner tendrá su cita mano a mano en otro escenario: el teatro «Teresa Carreño» donde firmarán acuerdos y convenios. Forma parte de la secuencia de reuniones periódicas de colaboración recíproca.

Pero el encuentro tiene un sesgo adicional: ante la situación de salud de Chávez, la Presidente decidió desplegar una agenda más amplia con el bolivariano que, en medio de los rumores sobre su gravedad, lo han visto de mejor talante y de buen ánimo, según trascendió desde la comitiva argentina.

La bilateral con Chávez es una de las dos que tiene programada Cristina de Kirchner: la otra será mañana al mediodía en el hotel Eurobuilding. Cristina tendrá la consideración de trasladarse ella -que se alojó en el Intercontinental Tamanaco- para verse con Dilma Rousseff.

Mañana por la tarde, en tanto, en el teatro «Teresa Carreño» se hará la apertura de la CELAC, organización con características de foro, que nuclea a 33 países: todos los estados de América con dos únicas excepciones, Estados Unidos y Canadá.

De la CELAC, entidad propuesta en un encuentro meses atrás en México -por lo cual Felipe Calderón será el orador en la apertura junto a Chávez-, participa Cuba y se confirmó en estas horas la presencia de Raúl Castro en Caracas.

Días atrás, en persona, el presidente de Chile Sebastián Piñera le aseguró a Chávez que estaría en la reunión. No era un dato más: el sábado, cuando finalice la cumbre, México le traspasará la presidencia pro témpore a Piñera, por lo cual un eventual faltazo hubiese tenido alto impacto.

Entre mañana y el sábado, la CELAC se congregará en el Fuerte Tiuna, reducto militar donde Chávez estuvo detenido durante el fallido golpe militar de 2002. En ese complejo se desarrollarán las tres sesiones sucesivas y la foto oficial de la cumbre americana.

En un intervalo, el sábado, se agregará otra actividad: una reunión extraordinaria de la UNASUR donde Fernando Lugo estrenará la presidencia temporal, que recibió de Guyana durante una cita express en Paraguay, a la que no asistió Cristina de Kirchner.

Por mecánica, es probable que esa reunión sea la más eficaz en pronunciamientos: se espera un mensaje sobre la crisis internacional, medidas para reforzar el mercado intraUnasur, detalles sobre el Banco del Sur y hasta novedades sobre el mecanismo para que el comercio en el continente sea con moneda propia, limitando el uso del dólar.

Para la sesión de ese bloque estarán en Caracas la colombiana María Emma Mejía, secretaria general de la UNASUR, y el venezolano Alí Rodríguez, que asumirá ese cargo en unos meses. Inventariado en todo lo que se refiere a UNASUR y Venezuela, estará presente otro funcionario argentino: Rafael Folonier.

Esa aparición -clásica en cuestiones de diplomacia sin flashes- activó una presunción que rondó en estos días en Buenos Aires: la confirmación de la continuidad de Timerman más allá del 10 de diciembre pero la posibilidad de que haya movimientos en el staff de embajadores de cercanías.

En el Palacio San Martín se habló de movimientos en Paraguay -Rafael Romá está por iniciar los trámites para una jubilación: la de vicegobernador bonaerense-, en Bolivia, donde se afirma que Horacio Macedo pide cambio de destino y de Caracas, ocupada por Alicia Castro a quien se asegura haber anticipado que está preparada para cerrar su capítulo bolivariano.

El otro casillero invocado es Santiago, Chile: allí permanece Ginés González García y se mencionó, con particular insistencia, la posibilidad de que viaje hacia allí Carlos Tomada, tras ocho años de ministro de Trabajo de los Kirchner.

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