8 de julio 2009 - 00:00

Entre ruinas, se reúne el G-8 (¿última vez?)

Una imagen del pueblo de Onna resulta elocuente sobre el estado de la región próxima a L’Aquila, Abruzzi. Silvio Berlusconi y Ángela Merkel visitaron ayer la zona que resultó más afectada por un terremoto hace tres meses.
Una imagen del pueblo de Onna resulta elocuente sobre el estado de la región próxima a L’Aquila, Abruzzi. Silvio Berlusconi y Ángela Merkel visitaron ayer la zona que resultó más afectada por un terremoto hace tres meses.
París - El G-8 de países ricos que se reúne desde hoy en Italia enfrenta una avalancha de críticas por su pasividad ante la crisis y hay hasta quienes quieren disolverlo para que el G-20, que incluye a las potencias emergentes, asuma el papel de gran orientador de la economía mundial.

El G-8 se limitó desde el inicio de la crisis a hacer declaraciones de principios, en tanto que el G-20 se mostró, en su cumbre de inicios de abril en Londres, capaz de iniciativas concretas. El G-8 está formado por los siete países más industrializados (G-7: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia y Japón) junto a Rusia; el G-20 suma a grandes emergentes como China, India, Pakistán, Brasil, México, Argentina, Sudáfrica o Arabia Saudí).

«Las reuniones del G-7 y del G-8 de estos años no alcanzaron ningún resultado sustancial», afirma Richard Portes, investigador de la London Business School.

Ese foro informal, surgido en 1975, «ya no es adecuado para tratar la mayoría de los grandes problemas. No podemos hablar de medio ambiente, finanzas o comercio sin China, India, Brasil o Sudáfrica», agrega Portes.

En este mismo sentido, Barry Echengreen, de la Universidad de Berkeley, aclara que «resulta ilusorio imaginar una reforma del sistema financiero sin asociar a un país (China) que cuenta con la mayor cantidad de reservas de divisas del mundo».

La jefa del Gobierno alemán, Ángela Merkel, coincidió al indicar que «el formato del G-8 ya es insuficiente» pues «los problemas a los que nos vemos confrontados no pueden ser resueltos solamente por los países industrializados».

Una postura similar a la del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien ya en noviembre argumentaba que «no tiene sentido que temas que afectan a toda la humanidad sigan siendo discutidos solamente por los países ricos».

Algunas voces, sin embargo, siguen defendiendo al G-8, como John Kirton, de la Universidad de Toronto, para quien ese selecto club tiene un «papel esencial» en la definición de «las orientaciones» del G-20. Pero en vísperas de la cumbre del G-8 que se celebra hasta el viernes en L'Aquila (centro de Italia), la mayoría de los expertos considera que ese foro debe sencillamente autodisolverse.

«El G-8 tiene que anunciar su desaparición si se pretende que el G-20 sobreviva y sea funcional», dijo Rajiv Kumar, del Consejo Indio de Investigaciones de Relaciones Económicas Internacionales, de Nueva Delhi.

Estas palabras encontraron eco en la voz de Charles Wyplosz del Instituto de Altos Estudios Internacionales (Ginebra), quien aseguró que «hay que programar el fin del G-8. Hay una contradicción básica en mantener con vida a ese pequeño grupo, pese a que ya decidió por sí mismo confiar los grandes asuntos mundiales al G-20».

Según Eswar Prasad, de la Universidad estadounidense de Cornell, las «grandes tensiones» entre industrializados y emergentes podrían echar por tierra las «veleidades de unión» surgidas como respuesta a la crisis, una vez que empiece la recuperación. «No es evidente que el G-20 sobreviva cuando volvamos a días mejores», concluyó.

Agencia AFP

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