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Entre ruinas, se reúne el G-8 (¿última vez?)
Una imagen del pueblo de Onna resulta elocuente sobre el estado de la región próxima a L’Aquila, Abruzzi. Silvio Berlusconi y Ángela Merkel visitaron ayer la zona que resultó más afectada por un terremoto hace tres meses.
Una postura similar a la del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien ya en noviembre argumentaba que «no tiene sentido que temas que afectan a toda la humanidad sigan siendo discutidos solamente por los países ricos».
Algunas voces, sin embargo, siguen defendiendo al G-8, como John Kirton, de la Universidad de Toronto, para quien ese selecto club tiene un «papel esencial» en la definición de «las orientaciones» del G-20. Pero en vísperas de la cumbre del G-8 que se celebra hasta el viernes en L'Aquila (centro de Italia), la mayoría de los expertos considera que ese foro debe sencillamente autodisolverse.
«El G-8 tiene que anunciar su desaparición si se pretende que el G-20 sobreviva y sea funcional», dijo Rajiv Kumar, del Consejo Indio de Investigaciones de Relaciones Económicas Internacionales, de Nueva Delhi.
Estas palabras encontraron eco en la voz de Charles Wyplosz del Instituto de Altos Estudios Internacionales (Ginebra), quien aseguró que «hay que programar el fin del G-8. Hay una contradicción básica en mantener con vida a ese pequeño grupo, pese a que ya decidió por sí mismo confiar los grandes asuntos mundiales al G-20».
Según Eswar Prasad, de la Universidad estadounidense de Cornell, las «grandes tensiones» entre industrializados y emergentes podrían echar por tierra las «veleidades de unión» surgidas como respuesta a la crisis, una vez que empiece la recuperación. «No es evidente que el G-20 sobreviva cuando volvamos a días mejores», concluyó.
Agencia AFP


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