La recordación de la gesta de Güemes da espacio para seguir revisando los eventuales efectos del eventual pase de mercado fronterizo a emergente de nuestra plaza (que podría ser anunciada en 2017 y efectivizarse en 2018). En el comentario anterior, vimos cómo la "degradación" a fronterizo en 2009 se asoció a un incremento de los retornos diarios del Merval (de -0,22% diario y -0,04%, el año y trienio anterior, se pasó a +0,34% y +0,10% al año y trienio siguientes) y a una caída en los volúmenes negociados (pasamos de un promedio diario el año y trienio anterior de $ 74 y $ 76 millones a $ 45 y $ 52 millones), y que la idea que la recalificación a emergente se asociaría a un fenómeno simétrico, especialmente por el lado de los volúmenes, era lo explicaría la fruición de los intermediarios y reguladores locales por volver a ser emergentes. Desde 1997 la gente de MSCI ha efectuado 4 mermas interclasificaciones (1 de desarrollado a emergente y 2 de emergente a fronterizo) con resultados congruentes con el que vimos en nuestra plaza (de un rendimiento promedio mensual de -2,28% en los índices MSCI respectivos para el trienio previo y -2,82% para el año, pasamos a +0,85% y -1,48% el año y trienio posterior; estas relaciones no cambian al ajustar por índices sectoriales). Pero no es esto lo que nos interesa, sino qué pasaría con la suba de calificación. En total MSCI contabiliza 5 aumentos interclases, 3 de emergentes a desarrollados y 2 de fronterizos a emergentes. Lo que vemos en el primer caso es una merma de los rendimientos (mensuales) del 0,37% y 0,48% del trienio y año previo, al -0,44% y -0,45% del año y trienio posteriores, mientras en el segundo pasamos del +2% y +4,53% al -1,57% y -1,7%. Es decir, un comportamiento casi simétrico que -sin validez estadística- permitiría pensar que por alguna razón las descalificaciones son alcistas y las recalificaciones bajistas para las Bolsas involucradas. Seguimos mañana.
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