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Escándalos derrumban a los superricos en China
Yang acabó siendo condenado en julio de 2003 a 18 años de prisión por soborno, apropiación ilegal de terrenos, fraude y falsificación de documentos públicos.
Yang Bin, que empezó su fortuna con un negocio de venta de orquídeas y presidía el Grupo Agrícola Euro-Asia poco antes de ser procesado, recibió una dura condena que según los analistas también tenía ramificaciones políticas.
El tercer hombre más rico de China también según la lista «Forbes» de 2001, Yang Rong, despertó asimismo las sospechas de las autoridades fiscales, hasta el punto de que el empresario, ex presidente del mayor fabricante privado de autos de China, huyó a EE.UU. en 2002 por temor a ser acusado de corrupción.
Otro de los hombres más ricos de China, Zhou Zhengyi, que llegó a figurar en undécimo lugar en la lista de «Forbes» y era considerado el hombre más adinerado de Shanghai, no ha sido condenado una, sino dos veces, la primera de ellas en 2003, cuando recibió tres años de prisión por fraude y falsificación. Zhou, que presidía la inmobiliaria shanghainesa Nongkai Development, salió de prisión en mayo de 2006, pero un año después volvía a comparecer ante los jueces.
En esa ocasión, por su implicación en el mayor escándalo de corrupción del país en 10 años, la malversación de 3.200 millones de dólares de los fondos de pensiones de Shanghai.
A raíz de este segundo caso, que implicaba a gran parte de los políticos y empresarios de la metrópoli financiera china, Zhou fue condenado a 16 años de prisión.
A estos sonados casos hay muchos otros que agregar, como el de Yu Zhifei, antiguo director del circuito de Fórmula 1 de Shanghai y del club de fútbol Shanghai Shenhua, también implicado en el escándalo anterior, o el de Zhou Yiming, destacado en 2004 como «el millonario más joven de China» y condenado a cadena perpetua por fraude.
También el de Zhang Hai, presidente de la compañía de bebidas Jianlibao -una de las líderes en el sector nacional-, procesado por malversación, o el de empresario Zhang Rongkun, número 16 en la lista de «Forbes» de 2005, otro implicado en la trama de Shanghai.
El número de casos es tan abrumador que para algunos empresarios chinos, salir en listas como las de «Forbes» puede suponer el inicio de sus problemas, ya que el gobierno comienza a auditarlos, hasta el punto de que muchos prefieren no salir en este tipo de clasificaciones.
Los internautas chinos reaccionan con ironía ante esta situación, y uno de ellos aseguró en «Tianya» que aparecer en la estadounidense «Forbes» o en la lista similar que elabora el nacional Instituto Hurun es «como un matadero, en el que el cerdo que más engorda acaba siendo sacrificado».
Otros comentaristas examinan con amargura este fenómeno, y aseguran que en China, sólo corrompiéndote puedes llegar a ser millonario: «Si no te saltás la ley, no ganás dinero y pasarás el resto de tu vida comiendo polenta», aseguraba otro en el mismo foro.


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