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Estalló pelea por cargos en ministerio que dejó Posse
Tres coquetos ayer en el acto de reapertura de la reformada calle Reconquista de la Capital Federal. Mauricio Macri, Hernán Lombardi y Daniel Chaín, recuperando la línea después del vendaval Posse.
Lo prueba además la inexperiencia del nuevo ministro Esteban Bullrich, quien agregó en su currículum al antecedente de enseñarles aritmética a unos huérfanos nicaragüenses una nueva ficha: haber atendido durante tres semanas un curso de administración educativa en una universidad de los Estados Unidos. Este tipo de puestos no deben ocuparlos los alumnos de esos cursos sino quienes los dictan. Pero como en el caso de Posse, tampoco es de Bullrich la culpa. Es un político y la gramática criolla para ese oficio dicta que no se puede rechazar jamás un cargo.
Para colmo, no se sabe cuándo asumirá Bullrich el ministerio porque debe esperar que el Congreso le dé licencia como diputado nacional. ¿Renunciar a la banca? Jamás, si se tiene en cuenta lo poco que le duran los ministros a Macri. La Cámara tiene que darle curso por lo menos al pedido de licencia y hasta que no se le autorice, quizás en marzo porque antes no habrá sesiones. Por ahora tiene pensado pedir licencia hasta el 28 de febrero (estas licencias deben ajustarse al año legislativo), irse de vacaciones con su familia hasta la primera semana de enero y asumir entonces el cargo de ministro.
Puede correr el riesgo de jurar ahora con el pedido de licencia presentado pero se expone a que en esa fecha le hagan alguna picardía, como rechazársela y obligarlo a renunciar. Lo festejaría el kirchnerismo pero también la propia tropa: si Bullrich deja la banca ésta pasa a Julián Obiglio, que está en estas horas en trámite de paternidad y no le vendría mal recuperar el sueldo de diputado que perdió el 10 de diciembre. Con énfasis sostienen los «obliguistas» (que también los hay) que la oposición no puede quedarse con un voto menos, algo que ocurrirá si Bullrich toma licencia, porque la pelea con el kirchnerismo es voto a voto.
También estaba contento Macri con el texto de la renuncia que le acercó Posse. Se había reunido con él el lunes y hablaron ya del alejamiento del cargo. Posse ya estaba resignado a la salida y se quejó de algo que debió pensar ante de asumir. «Estoy en plena etapa creativa, tengo una vida hecha y no puedo arriesgarme al escarnio público», se le escuchó decir. Ya había dejado de ir al despacho esta semana y había suspendido reuniones que le sugirieron con algunos expertos en el área como el ex ministro Juan Llach.
El interregno que se abrió con la espera a la jura de Bullrich disparó un infierno de internas en el macrismo para ocupar posiciones en el ministerio. Bullrich intentó desplazarlo a Andrés Ibarra, el hombre de Macri en esa cartera para el manejo del voluminoso presupuesto. Fracasó. Ibarra ya tiene un decreto de ascenso al cargo de secretario de Educación. Dependerá de él Pablo Legorburu (ahora Subsecretaría de Gestión Económico-Financiera y Administración de Recursos) y Ana María Ravaglia (subsecretaria de Inclusión Escolar y Coordinación Pedagógica)
Ayer Bullrich estuvo por la mañana en la sede del ministerio recorriendo despachos y presentándose junto a un equipo de allegados ante los funcionarios que quedaron de la gestión Narodowski. Entre los acompañantes en la recorrida de ayer estaba el ex senador por Tucumán Pablo Walter (ex Recrear) a quien Bullrich no le encuentra cargo; seguramente será jefe de asesores. También estaba Sergio Siciliano, asesor de Bullrich en el Congreso y hoy pegado a la legisladora Diana Martínez Barrio. No estaba el fogonero de la designación del nuevo ministro, el legislador Bruno Screnci, que responde a las órdenes de Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli, ganadores en esta pulseada del gabinete porque le han sacado el área de Educación a Gabriela Michetti.
La diputada electa fue valedora de la gestión de Mariano Narodowski y consintió, a través de su espada Marcos Peña la designación de Posse, todo con tal de que no asumiese Bullrich hace dos semanas. A tanto llegó esa voluntad que el propio Marcos Peña -el hombre que inspiró a Mauricio Macri a avalar el matrimonio gay porque, dijo, «estaba cansado de las monjas y los curas»- estuvo en un tris de asumir en Educación cuando renunció Narodowski (en ese sainete fue más explícito el apoderado José Torello quien dijo: «Hay que frenarlo a Jorge». ¿Jorge cuánto?, le preguntaron. «¿Cómo qué Jorge? ¡Bergoglio!». Por esas cosas, de las que se entera en el acto, es que el cardenal ha acuñado el adjetivo de frívola para calificar a la gestión macrista.
Bullrich se fue del ministerio, cerca del mediodía, al palacio municipal y compartió una copa navideña junto a Macri y a dirigentes del PRO, entre ellos Federico Pinedo, Paula Bertol y otras estrellas de esa formación como Néstor Grindetti, Cristian Ritondo, Santilli y Rodríguez Larreta. Se despidió hasta el año nuevo y los dejó a todos la atención de la guerra interna por los cargos. Macri le comunicó personalmente de reconstruir el consejo de notables con el cual soñó Posse para asesorar al ministro. Tratará de que figure allí el autor de «Daimon» -Posse-, Narodowski, Santiago Kovadloff, el rabino Sergio Bergman y otras estrellas del negocio de la opinión. También que se prorrogarán hasta el 18 de febrero todos los contratos de los funcionarios de Educación que quedaron de la vieja gestión hasta que queden acomodadas las cargas y cerradas las peleas internas.


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