Con la reciente suba del tipo de cambio oficial ha surgido el debate del "pass-through", es decir qué porcentaje de la devaluación se traspasa a los precios internos. Está claro que algún efecto debe tener, aunque su magnitud dependerá de varios factores. Pero según un estudio de la Fundación Mediterránea, "el impacto sobre los precios de una devaluación será más alto mientras más abierta sea la economía, mejores sean las condiciones iniciales de actividad y empleo, mayor sea la inflación antes de la suba del dólar y menos consistente resulte la estrategia del Gobierno para frenar la suba de precios". Claro que en el caso del índice mayorista, el impacto será mucho más rápido y mayor que sobre el minorista, por estar dominado por los bienes transables. La entidad analizó el impacto especialmente en los minoristas y recurrió a las experiencias de 1975, 1981, 1989, 1990, 1991 y 2002.
En la devaluación de 1975 la variación de precios su ubicó por debajo del aumento en el tipo de cambio. El pass-through en el mes posterior a la variación en el tipo de cambio fue del 37% del shock, llegando hasta el 60% seis meses después.
En 1981 el efecto sobre precios fue menor. Así, en el mes posterior a la devaluación más fuerte del año, el efecto en precios fue del 21%, mientras que seis meses después había aumentado hasta el 28% de la suba del tipo de cambio.
En 1989 se produjeron dos variaciones de gran magnitud en el tipo de cambio, por lo que sus efectos en precios se superponen. Seis meses después de ambas devaluaciones, el traslado a precios rondó el 54%.
Distinto fue el caso de 1990. Con episodios de hiperinflación frescos en la economía (y las devaluaciones llevadas a cabo durante el año anterior), un aumento de aproximadamente el 120% en el precio del dólar provocó, junto con otros factores, una estampida de precios, que al mes siguiente ya se habían disparado un 17% por encima del shock devaluatorio. Envuelta la economía en una espiral inflacionaria, la estabilización del tipo de cambio en los meses siguientes no fue suficiente para frenar el aumento de precios, que seis meses después ya se encontraban un 85% por encima del mismo efecto devaluatorio. En esta situación, el tipo de cambio real bajó en lugar de subir, tras el aumento en la tasa nominal de cambio.
En el caso de 2002, la devaluación llevó el valor del dólar inicialmente desde $ 1 a $ 1,4, pero luego subió hasta superar los tres pesos. Tal suba se dio en un contexto sumamente recesivo y de alto desempleo, que no ayudaba para el traslado a precios en el caso de bienes no transables y de los que compiten con importaciones. Por tales motivos los precios minoristas se movieron apenas un 30% seis meses después de la salida de la convertibilidad, mientras el tipo de cambio se había más que triplicado. Esto es, el traspaso de la devaluación a los precios, en ese contexto, resultó sólo del 11%.
El estudio concluye que a mayor tasa de desempleo menor traspaso a precios, con casos en que el efecto acumulado seis meses después de la devaluación va del 11% en 2001 a cerca del 180% en 1990, pasando por niveles cercanos al 60% en 1975 y 1989.
¿Qué puede ocurrir con los precios minoristas en 2014 tras la suba del 22,2% en el dólar oficial? El estudio estima que podría tratarse de una situación intermedia en términos de pass-through, que al cabo de medio año podría ubicarse en alrededor del 50% de la devaluación inicial, es decir, alrededor de 10 puntos adicionales de inflación, que podrán sumarse o no a la inercia que ya traía la inflación, dependiendo de cómo sigan la política fiscal, monetaria y cambiaria hasta fin de año.
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