Y lo que se derramó desde Europa sobre los demás mercados fueron durísimas bajas en todos ellos, con epicentro en Madrid -más del 5%- a raíz de la formal entrada en «recesión» (que ya estaba dibujada, aunque no reconocida abiertamente). Lo demás fue el clásico «efecto dominó», volteando fichas en toda región y con la diferencia de matices como única nota individual. El signo negativo era el común a todos, los porcentajes y la resistencia, propiedad de cada recinto. De tal forma, decayó un 0,8 por ciento el Dow Jones, lo elevó al 1,5% el indicador de San Pablo, cercano a ello lo que arrojó el Merval principal -el 1,22%- que ya observa -con serio temor- la perforación del piso de los «2300» puntos. En el intradiario esto se concretó, con el mínimo en los «2299» puntos, para finalizar apenas mejorado y en marca de «2309».
Diferencias de «19» papeles con mejoras, por «44» en descenso, completaron la fisonomía de debilidad en el desarrollo y con final preocupante. Acaso la nota distinta provino de un mercado encalmado en órdenes, donde se volvió al «embudo» y la oferta cerrando filas. Insuficiente para evitar la pérdida de nivel, pero apta para no sufrir deterioro más pronunciado. Solamente $ 37 millones de efectivo, con ausencia del «dedito» salvador para equilibrar al Merval mayor, todo quedó a la buena de Dios (y de lo que llegaba del exterior). Sólo tres líderes, entre quince, pudieron anotar en alza. Y el título «piloto» -Grupo Galicia- declinando un 2,3%. Semana que comenzó con más temores todavía. Y la Bolsa, crujiente.
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