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Excelente noche con música de cámara
El ensamble del Jerusalem Chamber Music Festival, liderado por
la pianista Elena Bashkirova.
Más allá de la calidad de su concreción, los programas de concierto dicen -desde su enunciación misma- mucho sobre los artistas que los conciben. Por la perfección de su simetría, su variedad y al mismo tiempo su coherencia, el que aquí se comenta no podía sino ser obra de una mente musical privilegiada como la de la pianista Elena Bashkirova, quien llegó una vez más a la temporada del Mozarteum liderando al ensamble del Jerusalem Chamber Music Festival.
Una obra de Beethoven (el trío opus 11, "Gassenhauer") y una de Schubert (el Trío D. 898), hermanas en espíritu y estética y coincidentes en su tonalidad inicial, enmarcaron dos piezas de Paul Hindemith (el Cuarteto para clarinete, violín, cello y piano) y Bela Bartók ("Contrastes") compuestas el mismo año, 1938. La otra característica del programa fue la de ofrecer cuatro obras para diferentes formaciones, lo que alejó toda monotonía tímbrica y permitió un caleidoscópico despliegue, siempre con la guía lúcida de Bashkirova.
Tanto ella como el clarinetista Chen Halevi, la violinista Mihaela Martin y el cellista Frans Helmerson exhiben una musicalidad a toda prueba, una variedad de toque que les permite pasar de un lenguaje a otro con soltura y excelencia, y, sobre todo, lo más importante a la hora de hacer música de cámara: la capacidad de la intuición y el entendimiento mutuos. En el caso de Halevi hay además una belleza sonora extraordinaria (todas sus intervenciones fueron antológicas), y en el de Bashkirova se destaca la facultad de amalgamar desde el piano toda la gama de levedades e intensidades que se tejen en torno a él. Al igual que en su actuación de hace dos años, con un programa igualmente bien concebido, no hubo aquí lugar para bises que rompieran su equilibrio ni la simetría de su diseño.


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