31 de diciembre 2013 - 00:00

Extiende más su sombra el “Bin Laden” checheno

Volgogrado - La ola de ataques terroristas que sacudió el domingo y ayer la ciudad de Volgogrado es vista por muchos rusos como una "declaración de guerra al Kremlin" antes de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi.

"El momento y el lugar fueron elegidos deliberadamente. Los terroristas quieren mostrarse fuertes frente al Kremlin y su proyecto olímpico en la antigua Stalingrado", señaló el politólogo Gleb Pavlovski.

Por segunda vez en menos de 24 horas un atentado terrorista conmocionó la ciudad de Volgogrado. En ambos casos, las pistas conducen a islamistas de la conflictiva región de Cáucaso del Norte.

Vladímir Putin, que no consiguió apaciguar la región en sus trece años al frente de Rusia -como presidente o como primer ministro-, anunció una fuerte ofensiva. Y es que los enfrentamientos entre fuerzas del Gobierno y los rebeldes están a la orden del día en la montañosa y multiétnica región del Cáucaso Norte, escenario de una espiral de violencia en la que también crecieron los hermanos Tamerlan y Dzhojar Tsarnaev, autores del sangriento atentado contra el maratón de Boston en abril.

La situación en el corazón de Rusia fue considerada estable durante mucho tiempo, hasta que hace cuatro años comenzaron una serie de ataques. Desde entonces, el objetivo de los extremistas es sobre todo los medios de transporte, algo de lo que la gente depende para recorrer las largas distancias en el país más grande del mundo.

Uno de los grandes aeropuertos de Moscú, el subterráneo de la capital, la estación de tren de Volgogrado y dos autobuses en esa ciudad han sido escenario de ataques con bomba, como también lo fue la vía de ferrocarril por el que pasa el tren de lujo "Nevsky Express" que une Moscú y San Petersburgo. En cada ocasión hubo numerosas víctimas mortales.

El servicio secreto interno ruso (FSB) presume que detrás de muchos de los ataques está el líder terrorista checheno Doku Umárov. Hace tan sólo unos meses el conocido como "el Bin Laden de Rusia" había amenazado con torpedear con ataques los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi. Umárov, sobre quien pesa una orden de arresto internacional, es el enemigo público número uno de Rusia. Sin embargo, actualmente hay divergencias acerca de su influencia.

Los expertos en seguridad rusos opinan que el poder de los terroristas ya no es tan fuerte como para realizar ataques como los perpetrados en el teatro Dubrovka de Moscú en 2002 o en la escuela de Beslán en 2004, que dejaron decenas de muertos.

"Los terroristas ya no son lo suficientemente fuertes como para realizar grandes acciones comando, pero individualmente aún pueden extender el miedo y el terror, como en Volgogrado", aseguró el jefe del FSB, Alexándr Bortnikov.

En la primavera boreal de 2012, Moscú envió a unos 30.000 soldados más a la República de Daguestán. Para los expertos esto fue una señal de que las autoridades locales ya no controlaban la situación.

El Kremlin intenta calmar esta región no sólo con tanques: en la actualidad, el Estado invierte miles de millones para convertir esta región de esquí en una "atracción para turistas y no para terroristas", generando también puestos de trabajo.

Asimismo, el multimillonario Suleyman Kerimov invierte cuantiosas sumas de dinero en escuelas de fútbol del club de primera división Anshi Majatskala, para dar a los jóvenes desempleados en Dagestán una perspectiva para el futuro y alejarlos de la influencia islámica.

Sin embargo, en el Cáucaso del Norte la situación se asemeja a un polvorín, el Gobierno central no ha encontrado hasta ahora un remedio contra la violencia, dice la emisora Ecos de Moscú.

Activistas de derechos humanos advierten también de que incluso los militares, la Policía y el servicio secreto recurrieron a medios brutales. De esta manera la población se radicaliza cada vez más, aseguran.

Agencia DPA

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