26 de enero 2012 - 00:00

Faltan entre 5 y 7 millones de tarjetas

Hasta que empezó la campaña de esta semana, había 5 millones de tarjetas SUBE emitidas, de las cuales sólo 3 millones eran efectivamente usadas. Si se considera que la población total de Capital Federal y los 24 partidos del conurbano es de 12,8 millones de personas según el INDEC, puede estimarse simplificadamente que 2,8 millones son menores de 3 años o personas que no usan el transporte público. La consecuencia de este cálculo es que al lunes de esta semana faltaban de 5 a 7 millones de tarjetas SUBE.

Esto explica las colas y la falta de plásticos que se está evidenciando en las últimas horas. Los números demostrarían también que hubo un mal cálculo del Gobierno cuando lanzó la campaña publicitaria según la cual el que no tenga la tarjeta SUBE deberá pagar el boleto sin subsidio a partir del 10 de febrero.

En apariencia, no hay infraestructura para entregar la cantidad de tarjetas que faltan en menos de tres semanas. Tampoco hay un plan de incorporar mayor cantidad de lugares para la carga de la tarjeta, siendo que ya hoy con 3 de millones en uso, los usuarios tienen que hacer largas colas en las estaciones de subte o pagar el sobreprecio que piden algunos de los habilitados para recargar.

Lo más inverosímil es en realidad que esta campaña para que todos usen la tarjeta oficial (aún no está confirmado, pero las otras variantes como Monedero no tendrían validez) es que se busca armar un programa de computación que permita detectar a los que no necesitan seguir subsidiados. De esta forma, según la agilidad con que se apliquen esos criterios, muchos de los que hoy salen a buscar la SUBE es posible que en dos meses o menos ya no tengan ningún beneficio.

Aunque el secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, no anunció todavía cuál será el precio del pasaje sin la SUBE, hay coincidencia en que el aumento rondaría el 200%, y el boleto mínimo pasaría de $ 1,20 a $ 3,50. Para cualquier usuario del transporte público, pagar tres veces más en un solo paso tiene un fuerte impacto de bolsillo. Pero el Gobierno insistiría, como en los servicios de gas y electricidad, en un salto abrupto del precio del boleto, descartando ajustes graduales. En los otros servicios, por ahora se aplican tarifas plenas sólo en las zonas de alto poder adquisitivo. Lo que pasa con el transporte es que todos los que viajan tienen ingresos moderados o bajos, salvo algunos que eventualmente se movilizan en colectivos o en subterráneo.

Schiavi volvió a decir ayer que la idea es subsidiar directamente al que lo necesita. Pero en declaraciones que realizó en diciembre, fue más específico y calculó que «sólo el 11% de los usuarios del transporte público es humilde». En esa ocasión, prometió también un sistema de boletos combinados para que los trabajadores puedan tomar uno, dos o tres líneas de transporte urbano abonando un solo pasaje para terminar un recorrido. Dijo que con ese sistema, una persona que viaja dos horas para llegar a su empleo y debe tomar todos los días tres y hasta cuatro colectivos abonará un solo boleto para abaratar sus costos.

La movida oficial deja además otros interrogantes, como por ejemplo, qué boleto terminará pagando el trabajador informal que no está registrado ni es monotributista, siendo que, según se afirma, los datos de la SUBE se cruzarán con la ANSES y la AFIP. O qué ocurrirá con los beneficios para los escolares o con los jubilados que por una pequeña diferencia están por encima de la mínima. Mientras tanto, si quiere evitar un mal momento por el descontento del público, el Gobierno tendrá que armar rápidamente una estructura para la tarjeta SUBE que puede necesitarse sólo por dos meses.

Dejá tu comentario