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Festival Barenboim 2015 con más logros
El Festival Barenboim 2015 tuvo una oferta musical más variada, una mayor osadía en el repertorio de todos los conciertos, y una mayor interacción entre las partes”.
Tras medio mes de su habitual hiperactividad y también de intensidad y excelencia musical, Daniel Barenboim cerró este fin de semana el Festival que protagonizó junto con Martha Argerich (presente durante los primeros siete días del ciclo) y la West-Eastern Divan Orchestra en el Colón. Si se debiera compararlo con el del año pasado, tres rasgos saltarían inmediatamente a la vista: una oferta musical más variada, una mayor osadía en el repertorio de todos los conciertos y también una mayor interacción entre las tres partes, incluyendo instancias no previstas.
También hubo una mayor presencia fuera de la sede del Colón, como los tres Conciertos por la Convivencia en el Centro Islámico, la sinagoga de Libertad al 700 y la Catedral Metropolitana, con idéntico programa, y se reiteró el Simposio de Reflexión que completó el objetivo del Festival. Con tres de estas actividades el Colón estrenó, por otra parte, su sistema de transmisión on line que tuvo, salvo interrupciones momentáneas, una muy alta calidad y una repercusión masiva.
Como cierre, los conciertos de viernes y sábado exhibieron el mismo menú: el Triple concierto de Beethoven y "Pelleas und Melisande" de Schoenberg. En la primera mitad, Barenboim asumió la parte de piano junto a su hijo Michael (quien debió reemplazar con pocos días de anticipación a Guy Braunstein) y al cellista iraní Kian Soltani. Ocupando el centro de la escena y en esta compleja tarea, el director y pianista estuvo visual y corporalmente más conectado con la orquesta que con el ensamble pero la intuición mutua posibilitó que no hubiera grandes desfases. Aún con disensos de afinación entre cello y violín, los tres solistas mostraron homogeneidad en articulación y dinámica.
"Pelleas und Melisande", poema sinfónico de orgánico grandioso basado en el drama homónimo de Maurice Maeterlinck (que el joven Schoenberg tomó como base por sugerencia de Richard Strauss), fue el mejor de los finales posibles, en un encadenamiento minucioso de las imágenes e ideas musicales que confirmó la calidad de la West-Eastern Divan y sutiles intervenciones solistas. Tal vez como guiño a quienes no podían apartar de su mente la referencia a la ópera homónima de Debussy, Barenboim eligió el viernes como obra fuera de programa el "Preludio a la siesta de un fauno", un "lienzo" de textura muy diferente pero igualmente permeable a la paleta infinita de sonoridades de esta orquesta.


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