Fouquet’s: una alfombra roja a la cocina francesa

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Se puede decir que París es mundialmente reconocida por sus pintores, la Torre Eiffel, el Arco de Triunfo, sus magníficos museos y espléndidas catedrales, y también por su mítica Avenida Champs-Élysées. Pero sin duda, hablar de París es hablar también del arte culinario, tradición que llegó al cine, por ejemplo en «Ratatouille», donde la exquisitez y la delicia van de la mano de una rata, Remy, que maneja como marioneta a un joven inexperto, Linguini, hijo ilegítimo de Gusteau, el chef fallecido de uno de los restoranes más tradicionales de la ciudad.

En esa mixtura de leyenda y fantasía, es posible identificar al restorán Fouquets, en la esquina de Champs-Élysées y George V, con una historia de más de cien años que le confiere el título de Monumento Histórico de Francia.

«La película Ratatouille resume muy bien el espíritu de la cocina parisina, ¡aunque sin ratas por supuesto!», bromea el chef Bruno Gueret, mano derecha del chef ejecutivo Jean-Yves Leuranguer. «Siempre que la vemos, nos reímos mucho de nosotros mismos», agrega.

Pero contrariamente a lo que uno pueda imaginarse, el Fouquets no es un sitio gourmet y por eso no compite por las estrellas Michelin. Su tradición de cocina típica francesa lo han convertido en una brasserie de lujo y en una vidriera de famosos con vista exclusiva al imponente Arco de Triunfo y escenario elegido para la entrega de los premios Molière y Cesar. Sólo este último detalle hace que, por ejemplo, haya que ser miembro de un selecto club para poder sentarse en una de esas mesas. Pertenecer a esa escala vip puede llevar hasta 20 años. Y hasta los comensales habitué tienen sus servilleteros de plata con su nombre grabado esperándolos en dos vitrinas que coronan la entrada.

Esta emblemática esquina es parada obligada de turistas y curiosos, que pasan varias horas esperando ver ingresar por la alfombra roja, como si fuera el festival de Cannes o la entrega de los premios Oscar, a estrellas del cine como Gérard Depardieu y Bruce Willis, la cantante Celine Dion (no pasa por el Fouquets sin entonar alguno de sus hits), o el grupo español The Gipsy Kings. También el seleccionado de rugby argentino Los Pumas recaló en el Fouquets. Y el propio presidente Nicolas Sarkozy y su esposa Carla Bruni lo eligieron para cenar el día del triunfo electoral.

Sus cien años de historia suman, además, el paso de figuras como María Félix, Marlene Dietrich, Yves Montand, Orson Welles, Fernandel, Polanski, Chabrol, Godard y Truffaut, cuyas imágenes -como las de todos los famosos que lo visitaron alguna vez- cuelgan en blanco y negro de las paredes de madera lustrada.

Sol y tierra

Los platos varían desde simples pero exquisitas recetas a base de carne de lomo y magret de pato hasta las papas fritas estilo francés. A la hora del postre, los imperdibles son el milhojas de suave crema pastelera y el helado sabor cinco flores. La pastelería del día se sirve en el carro de postres.

«Francia respeta en la cocina la naturaleza de sus productos que remiten al sol y a la tierra», aclara el chef Gueret.

Todo este legado y glamour llevaron a la dinastía Lucier Barrier a adquirir hace cuatro años el restorán y el edificio contiguo para convertirlo en un hotel contemporáneo de cinco estrellas -miembro de The Leading Hotels of the World-, cuyo lema es «El arte de servir a la francesa».

Comer en el Fouquets tiene un costo inicial de 78 euros por persona, aunque por mucho menos se puede tomar un café en una de las mesas de la vereda y sentirse, al menos por un rato, parte de este símbolo parisino.

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