17 de enero 2011 - 00:00

Frágil interna en PJ anti-K con más bajas y sin controles

Eduardo Duhalde, Alberto Rodríguez Saá, Mario Das Neves
Eduardo Duhalde, Alberto Rodríguez Saá, Mario Das Neves
El PJ anti-K comenzó a transitar uno de los tramos más ásperos hacia una interna propia: en estas horas oficializará la voluntad de Eduardo Duhalde, Mario Das Neves y Alberto Rodríguez Saá de participar de ese duelo, pero el anuncio importa más por lo que oculta que por lo que notifica.

Un primer dato, obvio, es la deserción de Felipe Solá. El bonaerense, tal como anticipó este diario el lunes pasado, ve esa disputa como una emboscada de la que no puede salir de pie, imposible de controlar y, sobre todo, desigual: su poder de fuego es notablemente inferior al de los otros tres.

Solá tardó 96 horas en definir una contraofensiva: «Los espero el 14 de agosto», dijo ayer, a lo Julio Cobos, desde Pinamar, y blanqueó lo que la mesa del Peronismo Federal (PF), en la que reina Adolfo Rodríguez Saá, sospechaba y por lo cual ya elaboran un antídoto contra esa gambeta del diputado.

El exgobernador, a dúo con el vicepresidente, queda en un lugar incómodo: por conveniencia, se convierten en defensores del esquema de primarias que impulsó Néstor Kirchner y que, en estos tiempos, toda la oposición cuestiona.

El caso de Solá es paradigmático, porque, en el espíritu primario del acuerdo que, el martes por la noche, mano a mano, sellaron Duhalde y Rodríguez Saá (Alberto), estaba la pretensión no explícita de que el bonaerense y Das Neves, el tercero en discordia, se autoexcluyan de la interna.

Pero el chubutense, luego de recordar que él había propuesto una interna en septiembre pasado y Duhalde se opuso, aceptó el desafío y se sumó al trío. Deberá, ahora, remar en la tempestad: antes, junto con Solá, emparejaba el ring, pero ahora estará solo contra sus rivales y el scrum que conforman Ramón Puerta y Juan Carlos Romero.

Así y todo, al igual que Solá, pero desde otro lugar, Das Neves supone un problema para la cúpula del PF: el gobernador dice que desplegó estructura por buena parte del país, tiene recursos, una gestión, en la previa de la interna mostrará su victoria en Chubut y es, además, quien mejor se lleva con los gobernadores del PJ.

El viernes, «el Adolfo» informó que la interna se hará con padrón general y abrió un mundo de oportunidades: ¿cómo impedir que los demás partidos, pero en particular el oficialismo, no intervengan en esa elección para beneficiar a un aliado, dañar al rival con más chances o beneficiar al enemigo más conveniente?

Precaución

No hay -posiblemente no haya tampoco más adelante- fórmula para evitar las intromisiones. La UCR, en cambio, tuvo la precaución de recurrir al padrón de afiliados partidarios con lo que limita las influencias externas.

El nivel de interferencia ajena que se registre en la interna del PF, si es que finalmente esta elección se hace, puede ser un anticipo de la primaria de agosto: allí también, los candidatos únicos, sólo deberán cumplir el requisito del piso mínimo y, si tienen resto, «jugar» en disputas de otros.

Alberto Iribarne lidia, desde la semana pasada, con la inmensa maraña de asuntos que requiere la organización de una elección nacional que tiene como último antecedente la que Leopoldo Moreau le ganó, en diciembre de 2002, a Rodolfo Terragno y que estuvo, como cada disputa de la UCR, bañada de polémica.

El peronismo, más pragmático a la hora de definir liderazgos, se aventuró a una interna de ese tipo en 1988 y no volvió, ni siquiera en medio de la tirria entre Duhalde y Carlos Menem, a subirse a ese ring. Cuando, en 2003, tuvo que resolver su crisis doméstica, lo hizo en la general al desplegar tres candidatos peronistas.

Perdidos en ese océano, los coordinadores del PF tendrán que conciliar, además, las pretensiones de los candidatos: Duhalde se enfoca, en particular, en la cuestión de las fechas porque cree que debe haber tiempo suficiente entre un turno y otro para mudar el ejército de fiscales y punteros que la aportan Luis Barrionuevo y Gerónimo «Momo» Venegas.

Das Neves, más tribunero, pone el eje en la necesidad de confeccionar previamente una base programática que compartan todos los candidatos para que el ganador no termine proponiendo, luego, lo que se le antoje. De todos modos, hay que seguir atentamente los pasos del chubutense: quizás, en el camino, desista de competir.

Rodríguez Saá, convencido de que hay un hilo mágico que lo conducirá, tarde o temprano, a la Casa Rosada, se muestra más displicente, pero descarga los asuntos logísticos y legales en Carlos Sergnesse, cuya sagacidad le ha valido ser sucesivamente premiado con cargos por los hermanos puntanos.

Dejá tu comentario