Franceses arrasan en minutos con la codiciada revista

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  París - La revista Charlie Hebdo volvió ayer a los kioscos con un Mahoma en la portada mostrando el eslogan "Je Suis Charlie" (Yo soy Charlie) para abrir una tirada ampliada e histórica que se agotó en pocos minutos y que se reproducirá durante dos semanas hasta alcanzar los cinco millones de ejemplares.

Los actos masivos de solidaridad y duelo que consolaron a Francia durante los últimos días se vieron ayer recompensados en un nuevo e irreverente ejemplar de la revista satírica, que vio sobrepasadas todas las expectativas y que provocó muestras de ira en el mundo islámico, incluso de parte de quienes habían cuestionado duramente los atentados del miércoles de la semana pasada en París (ver pág. 14).

A primera hora de la mañana, los quioscos empezaban a colgar carteles de "No queda Charlie Hebdo" y en cuestión de minutos se habían finiquitado los 700.000 ejemplares distribuidos originalmente, frente a su tirada habitual de 60.000.

Sin embargo, el autodenominado "periódico irresponsable" anunció que imprimirá 5 millones de copias de este número, que venderá durante las próximas dos semanas, para que los lectores no tengan que recurrir a la reventa en internet, donde se ofertan ejemplares por 500 euros, aunque algunos llegaron a pedir 2.800.

En la portada, aparece una caricatura del profeta Mahoma entristecido, con una lágrima cayéndole, y bajo el titular "Todo está perdonado".

"Deberían haber previsto más cantidad, no damos abasto", comentó un quiosquero parisino que no salía de su asombro al ver su negocio tomado por asalto desde la madrugada por clientes que le reclamaban la edición histórica de Charlie Hebdo realizada por los sobrevivientes del atentado.

En toda Francia se repitió la misma escena: vendedores de diarios desbordados por la demanda, ante clientes decepcionados por no haber podido comprar el semanario.

En varios casos, algunos se fueron a las manos para obtener este número excepcional. Extraña revancha para un semanario cuyas ventas bajaban y cuyo fin proclamaron los autores del atentado al gritar: "Hemos matado a Charlie Hebdo".

"No había visto algo así en toda mi vida. Sesenta personas que hacían cola antes ya de que abramos, a las seis de la mañana. Y no eran clientes habituales", contó Marie-Claire, gerente de un kiosco de la estación ferroviaria parisina de Saint-Lazare.

"Tenía un centenar de ejemplares, se vendieron todos en un cuarto de hora", afirmó igualmente Majida Danadi, propietario de un kiosco situado a una cuadra de la sede de Charlie Hebdo, donde se produjo el ataque que dejó doce muertos la semana pasada.

Agencias AFP, EFE, DPA y Reuters

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